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El divertido quinteto argentino se presentará, con todo y sus nuevos instrumentos, en el Teatro Metropólitan

Pocos intérpretes de música clásica se atreven a desacralizar su arte para divertirse con —y a costa de— él. La mayoría acostumbra crear a su alrededor una atmósfera de solemnidad, que el público presente en las salas de conciertos recibe con el respeto y la mesura que amerita la ocasión. Sin embargo, algunos músicos han decidido aplicar sus conocimientos y habilidades a la creación de un modo distinto de trabajo.

En Estados Unidos, por ejemplo, el profesor Peter Schickele decidió inventar el descubrimiento del supuesto hijo número diecisiete de Bach («al que nunca quiso reconocer públicamente»), y lo bautizó como P.D.Q. Bajo estas siglas, que remedan las de los complicadísimos nombres de los verdaderos descendientes de Johann Sebastian, ha recompuesto obras musicales clásicas enteras, mezclando estilos y formas, para ofrecer conciertos por toda la Unión Americana donde la gente —y los integrantes de las orquestas sinfónicas y compañías de ópera que lo acompañan— no cesa de reir.

Por otro lado, y sólo en 1992, la Orquesta Sinfónica de Basilea, bajo la dirección de Matthias Barnert, con Leon Bates como solista, también rompió los cánones establecidos y, para tocar el Concierto en Fa Mayor de George Gershwin, se dispuso que el piano estuviera dentro de una especie de ring de boxeo, en que el pianista tocara de pie (y cuando no estuviera ocupado, alguien fuera a secar el sudor de su frente y darle agua de beber), y que todos los artistas salieran disfrazados —primero con ropa de los tiempos del compositor estadunidense, y luego con cambios distintos para cada uno de los movimientos.

Lamentablemente, en México sólo hemos tenido oportunidad de conocer y reirnos con esta clase de trabajo en las presentaciones de Les Luthiers, el quinteto de argentinos que se bautizó a partir del vocablo francés que designa a los artesanos constructores de instrumentos musicales. Quizá la mayor de sus muchas virtudes estriba precisamente en que, para divertirse todavía más y —por supuesto— hacerle honor a su nombre, en lugar de ceñir su creatividad a la utilización de los instrumentos tradicionales, forjan algunos nuevos para cada espectáculo, según las necesidades y las ocurrencias del momento. Sus parodias y sátiras de los géneros musicales —que evidentemente dominan a la perfección— las acompañan con cacerolas, tubas motoras o gaitas hechas con cámaras de llantas, por ejemplo.

La última vez que estuvieron en nuestro país, hace exactamente cuatro años, se presentaron en el Teatro de la Ciudad. Por supuesto, traerán consigo sus más recientes creaciones instrumentales: el barriltono, similar a un contrabajo pero con forma de barril, al cual es forzoso meterse para tocarlo, y el ferrocalíope, especie de organito con silbatos accionado a vapor que se ilumina de distintos colores. A lo largo de casi treinta años de trabajo, Les Luthiers (establecido en 1969) ha logrado crear un total de 28 estrafalarios instrumentos: ocho de cuerda, quince de aliento y cinco percusiones. Gerardo Masana, uno de los fundadores (que murió hace veinte años), fue quien empezó con la artesanía instrumental.

Sus integrantes actuales son Carlos López Puccio, Jorge Maronna, Marcos Mundstock, Carlos Núñez Cortéz y Daniel Rabinovich. Ellos serán quienes nos hagan reir con sus canciones, parodias y divertimentos mezclados con el sabor del tango y sonidos urbanos. Por supuesto, dicen, la música está en primer término, pues sin ella «no hay juego». De lo único que sí carecen es de un piano, «porque nos lo robaron y es muy difícil de cargar por todas partes».

Sobre advertencia no hay engaño: el quinteto argentino ha dicho «respetuosamente» que en este musicshow «tocamos como podemos y como nos da la gana». Así que más vale estar preparados para asistir a alguno de sus cinco conciertos y disfrutar los silbatos de colores del ferrocalíope y el aspecto y el sonido del barriltono, pues no hay que olvidar que de nuevo podrían pasar varios años antes de tenerlos otra vez en México.