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La nave del oído MUSICA 

Suzanne Vega, represetante del folk pop femenino, presentará su concierto unppluged el 12 de septiembre en el Teatro Metropólitan.

Compositora inteligente, poseedora en línea directa de la rica tradición folk heredada de su antecesora Joan Baez, e integrante, junto con otras sonadas celebridades surgidas durante la segunda mitad de los ochentas —Tanita Tikaram, Tracy Chapman, Eddie Brickell— de esa singular corriente estadunidense y europea que David S. Mordoch bautizó como folk-pop femenino, Suzanne Vega se presentará este 12 de septiembre en el Teatro Metropólitan realizando un concierto unplugged.

Aunque en 1985 ya circulaba por ahí su primer disco, nombrado como su autora, no fue sino hasta el 87 que llegó el reconocimiento internacional vía Solitude Standing y su celebérrimo sencillo «Luka». Esta canción, de estructura potente y armoniosa, resume, dentro de su singular trabajo lírico, toda una declaración de principios por parte de la cantautora neoyorkina: «El caso es que no importa si es una niña maltratada, una víctima de rituales sadomasoquistas, o un preso en las cárceles de la dictadura. Lo que verdaderamente estremece es la existencia de personas que te pegan hasta que lloras, y después ya no preguntas nada, ya no discutes más». A raíz de «Luka», Suzanne Vega recorrió el mundo y la pieza se convirtió en un clásico radiado hacia los oídos de millones. Pero su creatividad no se detuvo en la narración del maltrato infantil; «In my book of dreams» es una alegre pieza que forma parte de su disco, aparecido en 1990, Days of open hands, el cual comenzó a evidenciar el apetito de la cantante por experimentar nuevos esquemas sonoros, ello llevado al extremo en 99.9 Farenheit (1992), trabajo inscrito en la ola de ritmos industriales de principios de esta década. Qué lejos quedaba ese sensual rostro que tímidamente asomaba en Solitude Standing comparado con el de aquella portada, que nos mostraba a una Suzanne de dedos rodeados con gasa, inmersa en un universo candente, aunque sin perder —hay cosas que nunca se pierden— su aura de extraña fragilidad. Como toda historia natural de cantante-pensante-llevada-a-la-fama, la carrera de la antaño alumna de la Manhattan’s High School of Performing Arts (donde transcurre la trama de la película Fama), cayó, después de esta grabación, en un receso por agotamiento. Luego vino, en 1996, Nine objects of desire como su respuesta a la pregunta que varios se formularon por cuatro años: ¿qué fue de Suzanne Vega? Quien haya visto La verdad acerca de perros y gatos antes que escuchar el disco obtuvo la respuesta. Ahora activa, circulan en las tiendas discos con apariciones suyas: Philip Glass, el tributo a Leonard Cohen, Pavarotti y sus amigos, entre otros. Pronto aparecerá su trabajo más reciente, True Confessions.

Mucho hay de atrayente en la personalidad de una artista como Suzanne Vega. Su estilo definido, su voz de tonos apagados pero intensos, su declarado lesbianismo, su triunfante mala cara de niña. Pero quizá todo ello no la describe por entero. La pieza que falta, sólo podrá ser colocada por ella en algunos pocos días, cuando de su guitarra comienze a fluir el azuloso espíritu de su música.