Bodas de Sangre de Angélica Rogel

“no: la lengua se rompe y un tenue
fuego va a la carrera bajo la piel
y en los ojos no hay vista y un tamborilear
llena los oídos”
Safo, 31  

Hace casi un siglo, Federico García Lorca escribió Bodas de Sangre. Hoy, Angélica Rogel y su poderoso elenco –Ángeles Cruz, Ana Guzmán, Miguel Tercero, Romani Villicaña, Eduardo Candás, María Kemp, Luz Olvera y Joan Santos– atinan a (re)presentar, en el Foro Shakespeare, un clásico del teatro español. 

Dinámica y minuciosa: así es la dirección de Rogel. La adaptación está imaginada en el norte de México, allá en dónde la violencia condiciona de diferentes formas. Rogel se preguntó cómo sonaría Andalucía en México. De qué manera se transformaría una de las tres tragedias rurales (Yerma y la Casa de Bernarda Alba son las otras dos) si sucediera en suelo mexicano. Allá flamenco, aquí canto cardenche. Allá cajón flamenco, aquí tololoche. 

En el escenario conviven muchos elementos; internos y externos. El público, por ejemplo, es fundamental, pues es llamado a participar de la tragedia. El escenario es un lugar de juego, de movimiento. En él hay podredumbre, fuego, silencio y polvo. El polvo como alegoría de algo que pide sacudirse (el pasado y su veneno, por ejemplo). Rogel y su elenco logran plasmar en escena este jaloneo ágil que acompaña al deseo: su vaivén. “También yo quiero dejarte si pienso como se piensa”, confiesa Leonardo.

A punto de cumplir 22, la novia (y su padre) dicen que sí. La novia se casará con el novio… Sin embargo, matrimonio y amor no son la misma cosa. El primero no incluye al segundo. “¿Tú sabes lo que es casarse, criatura?”, le pregunta la madre a la novia. “Un hombre, unos hijos y una pared de dos varas de ancho para todo lo demás”, responde. Lo único que la novia sí sabe es que hacerse cargo del verdadero querer supone un riesgo, una muerte. Llegó el único buen día para la novia pero es demasiado tarde. Tiene el pecho podrido de aguantar, está cansada de caminar hacia un camino que promete poco o nada. La novia huye con Leonardo pero los dos saben que su unión sólo tiene vida en la muerte porque cuando la tierra está demasiado sola, a lo lejos, cualquier yuyo parece flor. 

¿Y el deseo? Polvoso e impreciso. Bárbaro, incluso. Querer lo que se quiere sin terminar en la cruz. O más bien: pararse frente a él aún con el ansia de ser arrastrado, aceptando el golpe:“ el brazo del otro me arrastró como un golpe de mar, como la cabezada de un mulo, y me hubiera arrastrado siempre, siempre, siempre, aunque hubiera sido vieja y todos los hijos de tu hijo me hubiesen agarrado de los cabellos!”, grita la novia. Para que el deseo sea de uno habrá que tener la valentía de dejarse cruzar por él. Que aterre, que incomode, que alumbre el camino. No olvidemos que el fuego aluza. Es polvareda que incita al desplazamiento.                       

La angustia se apoya en el texto y la escenografía. La historia se enreda conforme pasa el tiempo. Lo mismo sucede con los elementos en la escena. La mesa se transforma en escenario, caen telas y cuerdas. De pronto, todos están atados y atropellados por su pasión. En sentido romántico pero también como impulsos que se originan a partir del enojo y el rencor.

El canto, por su parte, acompaña la puesta a manera de coro (como en las tragedias griegas). El canto como este susurro sútil de la sociedad que apela al cumplimiento de un orden establecido; las mujeres deben casarse, tener hijos, ser amas de casa. La relación entre un hombre y una mujer parecería ser un mero trámite. “Sí. Yo no miré a nadie. Miré a tu padre, y cuando lo mataron miré a la pared de enfrente. Una mujer con un hombre, y ya está”, le dice la madre al novio cuando él se atreve a decir que las muchachas deben mirar con quién se casan. 

La propuesta inmersiva de Angélica Rogel invita al público a preguntarse por su propia tragedia y apuesta por esa valentía de mirar el propio deseo a los ojos, aunque nos hable, casi siempre, en lengua extranjera. Y por supuesto: que la cruz ampare a muertos y a vivos.

Bodas de Sangre se presenta en el Foro Shakespeare de viernes a domingo. Esta es su última semana en cartelera.  

Lorenza García Hegewisch

Poeta. Tiene estudios en Literatura Latinoamericana y Comunicación por la Universidad Iberoamericana.

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Publicado en: En la taquilla