Hay que desconfiar de los recuerdos, sobre todo cuando son muy antiguos. A veces, sin embargo, por una casualidad afortunada, se encuentra una voz que los confirma. Había escrito ya las primeras páginas de estas notas cuando apareció una carta que mi madre, Melisenda, me escribió en los años noventa…:
Querido Roberto:
Naciste en medio de la guerra [Florencia durante la guerra], naciste solo (la matrona no había llegado aún) quizá precisamente por las muchas escaleras que tuve que subir durante las frecuentes alarmas (nos refugiábamos en los bajos de la casa de la hermana de Orlanda);
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