En un taller de poesía infantil es un error pedirles a sus integrantes que describan un paisaje en un estilo personal. En mi experiencia el método más productivo es soltarlos, digamos, en una especie de escenario y dejar que escriban el monólogo de su viaje. Lo habitual es que escriben de un modo que resulta más provechoso —para quien escribe y para quien lee— si lo hacen sobre paisajes extraños o extremos que sobre paisajes que conocen bien.
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