Al igual que Nathalie Sarraute, tampoco me gusta aparecer en la rúbrica de “escritura femenina”. No hay división de la literatura titulada “escritura masculina”, es decir, relativa al sexo biológico o al género masculino. Hablar de escritura femenina supone, de hecho, hacer de la diferencia sexual —y sólo en el caso de las mujeres— una determinación importante a la vez de creación y de recepción. Una literatura de mujer para las mujeres. Hay una así, que aflora en las revistas femeninas, en las novelas de la colección Harlequin (¡por otra parte, no siempre escritas por mujeres!), que se alimenta de estereotipos. Su equivalente masculino, pero en ese caso no se habla de “literatura masculina”, podría ser la colección de relatos SAS y cierto tipo de novelas policiacas en serie.
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