Ignacio Almada Bay. Investigador de El Colegio de Sonora.

1. La tarea de cuadrar números. De las siete diputaciones federales que corresponden al estado de Sonora, tres (San Luis Río Colorado, Hermosillo Norte y Hermosillo Sur) fueron para el PAN, dos (Ciudad Obregón y Navojoa) para el PRD y dos para el PRI (Magdalena y Guaymas). Según datos del IFE, de una votación total de 749,252 sufragios, correspondió el 36.8% al PRI, 30.2 al PAN y 27.2 al PRD. El PAN concentró sus votos en el norte de la entidad, a partir de Hermosillo y el PRD al sur, a partir de Guaymas. El PRI quedó como segunda fuerza en los distritos que perdió.

La votación por el senado (750,116 sufragios) se repartió así: 36% PRI, 32% PAN y 26% PRD. El 60% de la lista nominal de electores (1,223,111) acudió a votar, contra el 77% en 1994.

De acuerdo con las cifras del Consejo Estatal Electoral (CEE), del total de votos válidos (no se ofreció el número de anulados) para la gubernatura (737,175) toca el 41.3 % al PRI, 32.4 al PAN y 23.2 al PRD. El contraste con los votos por los candidatos a la gubernatura en 1991 y en 1985 es mayúsculo: PRI, 64 y 70%, PAN 24 y 27%, PRD, 3%.

Según los datos recolectados por los colaboradores del diario El Imparcial en las casillas, el total de votos válidos por la gubernatura, menos los votos de las casillas especiales (10,738), fue superior en once mil votos respecto al total de los votos por las presidencias municipales, la elección que tradicionalmente importa más a la generalidad de la población (727,897 vs. 716,709) y donde la cosecha del PAN y PRD fue mayor: el 42.6% de la población de la entidad reside en los 17 municipios ganados por el PAN, el 40.9% en los 9 obtenidos por el PRD y el 16.5% en los 45 encabezados por el PRI. Al parecer, el 7 de julio Sonora amaneció con un electorado sofisticado, que vota salteado y ya no de corrido.

2. Nueva geografía política. Los distritos de Magdalena y Guaymas que ganó el PRI tienen la mayor porción de área serrana de la entidad y ahí se encuentra la mayoría de los ayuntamientos pequeños que ganó dicho partido y las dos alcaldías principales que obtuvo (Nogales y Agua Prieta). De Alamos a Agua Prieta, toda la frontera de Sonora con Chihuahua -la Sierra Madre y sus faldas- está en manos de municipios obtenidos por el PRI. En este rumbo se halla el único municipio alcanzado por el PT: Fronteras.

La faja costera se partió en dos, de la capital, Hermosillo, a la línea con Arizona, ganó mayormente el PAN y del puerto de Guaymas a la frontera con Sinaloa avasalló el PRD.

La Sonora urbana queda en manos de la oposición. De los once municipios que concentran el 85% de la población total de la entidad, sólo Nogales (6.4%) y Agua Prieta (2.6%) están en manos del PRI. San Luis Río Colorado (6.3%), Caborca (3%) y Hermosillo (27%) fueron ganados por el PAN. Guaymas (6.5), Empalme (2.3), Cajeme (17%), Navojoa (6.5%), Etchojoa (3.7%) y Huatabampo (3.6%) por el PRD.

3. Estas son las elecciones más reñidas y repartidas en la historia de Sonora. Nunca el PRI había gobernado menos habitantes y menos municipios ni obtenido menor número de diputaciones locales (nueve contra seis del PAN y seis del PRD) y federales. Ni alcanzado por menor margen la gubernatura. Nunca las dos fuerzas opositoras principales habían crecido tanto y simultáneamente. La composición del congreso local, refleja esta nueva distribución de los votos: catorce diputados por el PRI, diez por el PAN y nueve por el PRD, dado que se agregaron cinco, cuatro y tres diputados respectivamente por mayoría relativa.

4. Sorpresa dio el PRD que por vez primera gana diputaciones locales y federales por mayoría en Sonora y porque su candidato a la gubernatura “pintó”, al tiempo que premió con candidaturas a perredistas de talacha y cobijó recién llegados vía candidaturas “externas”, lo mismo un líder del movimiento católico del Espíritu Santo para alcalde de Navojoa que al líder del sindicato del IMSS en la entidad para diputado local (ambos ganaron). Lo que no ocurría para la izquierda desde las elecciones de 1949, que fueron muy peleadas entre el candidato del Partido Popular, el líder campesino y ex diputado del PRM Jacinto López y el del PRI Ignacio Soto, que lo había sido todo. El PP y Jacinto siempre alegaron fraude.

El candidato perredista Jesús Zambrano, diputado federal con licencia, exguerrillero que cayó en prisión en los años setenta, proveniente de Corriente Socialista antes de fundirse en el PRD, lució en campaña, aglutinó las corrientes internas y recibió un buen espacio por parte de los medios, incluidos los diarios afines a la Secretaría de Gobierno del Estado.

Sorpresa dio el PAN, con su candidato Enrique Salgado Bojórquez, miembro de una célula del Partido Comunista Mexicano en la primera mitad de los años sesenta, egresado de la Escuela Nacional de Economía de la UNAM, obtuvo una maestría en Ann Arbor, empresario de productos de concreto, organizador de dilatadas cabalgatas que siguen las pisadas del padre Kino, oficial mayor del PAN en la campaña de 1991 y presidente del Centro Empresarial del Norte de Sonora (CENS) 1993-95.

Elegido por el CEN del PAN como candidato, desplazó a Adalberto Rosas, el candidato de 1985 y conocido exalcalde de Cajeme y excandidato en 1985, como parte de una estrategia para “recuperar” al panismo sonorense para el CEN y retirar panistas identificados con la administración de Manlio Fabio Beltrones Rivera, gobernador de la entidad. El candidato Salgado y el delegado del CEN, el diputado federal chihuahuense Manuel Espino recibieron un tratamiento ofensivo del canal de televisión del gobierno del estado (Telemax) y de los diarios próximos a dicho gobierno.

Los resultados recompensaron la opción tomada por el CEN panista: Salgado obtuvo uno de cada tres votos oficialmente registrados, a pesar de haber sido un desconocido en varias regiones de la entidad al principio de la campaña y de la guerra sucia en su contra desplegada en los medios paraestatales, triunfaron buena parte de los candidatos panistas seleccionados por el CEN como Jorge Valencia ahora alcalde electo de Hermosillo y Héctor Larios, que de diputado local pasa a federal por el distrito “Hermosillo sur”, además de otras posiciones alcanzadas por candidatos surgidos de convenciones. El PAN es el único partido en la entidad, en pugna con el gobernador Beltrones y que se proclama “desbeltronizado” desde septiembre pasado, cuando el CEN designó una delegación que supliera al Comité Directivo Estatal que presidía Roderico Tapia, que luego resultó candidato del PT a la alcaldía de Hermosillo.

Sorpresa dio el PRI, que, sin desbaratarse, remontó el “factor Colosio” -con su secuela en los medios de “crimen no aclarado” y en Sonora de expectativas no cumplidas en cuanto a oportunidades de carrera política y de inversiones-, apechugó la negra telenovela de Raúl Salinas, la crisis económica desatada con el error de diciembre -nunca se había sentido aquí una crisis tan pesada- y la colocación de Sonora en el mapa del narcotráfico internacional, y presentó un candidato, Armando López Nogales, que había sido diputado local y federal, senador y presidente del CDE en el momento de su designación. López Nogales, nativo de Cananea, miembro del PRI desde 1968, abogado de la Universidad de Sonora, hizo carrera en la CNC, trabajó con el gobernador Alejandro Carrillo Marcor -cuya gestión caracterizada por conciliadora y honrada, al paso del tiempo, crece- y venía caminando junto a Luis Donaldo Colosio desde 1985. La versión optimista que corre de López Nogales es que pudiera administrar como Carrillo Marcor y pudiera llevar a la práctica los planteamientos de campaña de Colosio.

5. Si la votación trajo sorpresas, la campaña por la gubernatura pareció una película ya vista. Como en las elecciones presidenciales de 1994, no hubo topes de campaña para el PRI, el comportamiento de los medios, a excepción de El Imparcial, fue a favor del PRI, incluida la cadena de periódicos de Faustino Félix Escalante, hijo del exgobernador Félix Serna y candidato priísta a diputado federal por Cajeme y circuló, tolerada por las autoridades, propaganda apócrifa contra candidatos del PAN.

La apuesta del gobierno de Manlio Fabio por las obras públicas falló. No arrojaron dividendos electorales. En los municipios que más concentraron y lucieron inversiones públicas y privadas canalizadas por esta administración, la oposición triunfó, como la capital y Guaymas, o los retuvo como San Luis. Sólo Agua Prieta volvió al PRI y Peñasco seguirá bajo administración priísta.

El golpeteo de los medios paraestatales al PAN antibeltronista fue correspondido: hubo tramos de campaña cuya posición central fue ocupada por el gobernador Beltrones en ásperos intercambios con Salgado. Incluido el 6 de julio, la guerra en los medios continuó de manera estridente, con desplegados a favor y en contra de la obra de gobierno de Beltrones, con acusaciones, en la víspera, del PRI, que no ha comprobado, al PAN por una supuesta compra de centenares de sprays lacrimógenos.

6. Balance. Hace seis años, la oposición ganó dos municipios, donde residía el 5% de la población de Sonora, ahora obtuvo 27, donde vive el 83%. Con estas cuentas, es probable que la rápida carrera política de Manlio Fabio Beltrones encuentre un recodo, por lo pronto.

El Código Estatal Electoral, aprobado antes del Cofipe, y que fue magnificado en la prensa local, no ofreció un terreno de juego tan nivelado como el del Código Federal. Se prestó a controversias y el Consejo Estatal Electoral fue visto por varios partidos de oposición como una antesala de la Secretaría de Gobierno. No logró lo que el IFE y el Cofipe: sacar al gobierno de la organización de las elecciones en los hechos y en la imagen.

En vísperas del 6 de julio, el CEE lanzó una rápida respuesta al organismo Conciencia y Voluntad para que no circulara sus volantes donde llamaba al voto, mientras que nada hizo para censurar al Director de Alcoholes del Gobierno del Estado, un connotado expanista, que hizo llegar a los cuadros del PAN en esos días un llamado para que no apoyaran a Salgado, ni tampoco hizo por parar la propaganda apócrifa que perjudicaba al PAN. El CEE mantuvo el tabú de no abrir los paquetes electorales a petición de los partidos, mientras que en los distritos de Guaymas y Navojoa, los partidos se dieron vuelo abriendo paquetes del IFE durante el conteo. El 6 de julio volvieron los baches de la desconfianza en la elección local: fotos que retratan un forcejeo por un paquete electoral, bloqueos de casillas y de carreteras, las semanas siguientes.

El mensaje del electorado, a mi juicio, es compartir y coexistir pacíficamente en el poder público. Vamos a ver cómo lo interpretan los partidos desde las posiciones ganadas. Hasta los Tigres del Norte, en su último compacto, invitan a portarse bien. De otra forma, los partidos estarán próximos pero quemándose, juntos pero fritos, dilapidando los resortes de control social.