Revista de Actualización. Año 1, volumen 1, número 1, agosto de 1977, 64 pp.

En agosto de 1977 apareció una nueva revista médica: Salud Mental, publicada por el Centro Mexicano de Estudios en Farmacodependencia (CEMEF), organismo descentralizado del gobierno federal. Esta revista es el resultado, según señala el editorial del primer número, de un esfuerzo conjunto de la Dirección General de Salud Mental de la S.S.A. y del propio CEMEF. El editorial afirma también que Salud Mental busca responder a una necesidad sentida desde tiempo atrás por todos aquellos que trabajan en el área, aunque nunca explica en qué consiste dicha necesidad.

La revista pretende trabajar sobre la base de cuatro criterios principales: educación continua, actualización, información y enfoque multidisciplinario. Más allá de estos criterios, Salud Mental es una revista de interés sobre todo porque recoge el punto de vista de la ideología psiquiátrica dominante en México.

Su único artículo de fondo está firmado por el doctor Ramón de la Fuente, quien es, simultáneamente, director general de Salud Mental de la SSA, director general de CEMEF, coordinador del Programa Nacional de Salud Mental (que reúne a las principales organismos de salud del país), jefe del Departamento de Psicología Médica, Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UNAM; miembro de la Junta de Gobierno de la UNAM; profesor titular del curso de postgrado en psiquiatría de la UNAM; jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Español; miembro del Consejo Mexicano de Psiquiatría, organismo encargado de certificar a los profesionales de esta área; miembro de El Colegio Nacional; director de la Biblioteca de Psicología y Psicoanálisis del Fondo de Cultura Económica y editor de la revista Psiquiatría, órgano oficial de la Asociación Psiquiátrica Mexicana.

El título del artículo de De la Fuente es La salud mental en México, pero, curiosamente, no se habla ahí más que de la enfermedad mental, desde una perspectiva organicista sobre las base de datos cuya confiabilidad resulta dudosa. Este enfoque ideológico no es extraño si se considera que el artículo comienza con la siguiente aseveración: “Conviene asentar desde el principio que el término Salud Mental se refiere, en última instancia, al tratamiento y a la rehabilitación de las enfermedades mentales, pero una de sus metas ¿los términos tienen metas?), que incluye y sobrepasa a las tareas asistenciales, es propiciar que el mayor número de mexicanos obtenga y conserve un grado óptimo de salud mental.” Se incurre así en el error de remitir el estudio de la salud “en última instancia” al de la enfermedad, relegando los aspectos de prevención y de promoción a un papel secundario porque supuestamente sobrepasan a la acción asistencial. Acaso fuera más adecuada proponer una práctica médica comprometido con la salud y no con la enfermedad, en vez de aceptar acríticamente los estrechos límites de las tareas asistenciales actuales.

El resto de la revista incluye diversas noticias sobre eventos académicos, un pequeño examen de autoevaluación sobre conocimientos psiquiátricos, una serie de entrevistas sobre el alcoholismo, resúmenes de actualidades “científicas” en el campo de la psiquiatría orgánica, presentación de un “caso clínico” resuelto por tres expertos y una lista de informes bibliohemerográficos. En esta última sección, que podría ser de gran utilidad, resalta la ausencia de reseñas de libros a artículos que traten los aspectos sociales de la salud mental a que cuestionen las prácticas psiquiátricas vigentes. Esta omisión de un tema sobre el que existe una vastísima bibliografía contradice la intención de ofrecer un enfoque multidisciplinario, que se anuncia en el editorial.

Así pues, tras el formato pulcro y las buenas intenciones, Salud Mental parece destinada a defender los postulados claves de la psiquiatría orgánica mexicana: medicalización a ultranza de la locura, establecimiento de la enfermedad mental como punto de partida, relegamiento de los aspectos preventivos a un segundo plano (restringidos casi siempre a las prácticas educativas), desconocimiento de las corrientes contestatarias, ausencia de un enfoque crítico y afán de consolidar un poder monolítico.