Los días 27, 28 y 29 de junio, en el Teatro Metropólitan, se presenta Liza Minnelli con el espectáculo de su nuevo disco, Gently, y el recuerdo de sus clásicos.

Willkommen, bienvenu, welcome. Deje sus preocupaciones afuera, olvide sus dificultades en el vestíbulo, aquí la vida es un galimatías de apariencias, cada uno abandona su papel real en una mesa junto a un teléfono, por un momento puede despreocuparse de quién es y qué quiere. En el escenario todos se desplazan vertiginosamente. Listos para despertar prófugos de la pesadilla, mientras un reflejo mues-tra una instantánea de Georg Grosz, inicia el espectáculo. Unas piernas se enredan en una prestidigitación de sillas, el sombrero esconde el rostro. Sólo unas uñas verdes describen lo que sus pestañas encierran.

Si la vida es un cabaret y Bob Fosse era el director de esa utopía de luces y baile, en los límites de su sueño el novelista que soñó esa fantasía, Christopher Isherwood, vivía el preludio del terror y el ascenso del nazismo era inminente. Y sin embargo, la protagonista, Liza Minnelli, con una sonrisa traviesa, asomaba su lunar falso y embaucador entre bambalinas con esa inocencia que algunos atesoran aún en medio del derrumbe.

El cabaret es un breve pasaje, donde la noche resplandece de armonías musicales, hermosas mujeres, danza lúdica, y una dosis de magia delicuescente, que también podría ser una evocación de los rituales dionisiacos. Una dudosa prueba: enfrentar la tentación de perder el rostro propio antes del amanecer.

Ahora entre nosotros compartiendo su voz y su devastador encanto, Liza Minnelli evocará el centelleo de sus uñas verdes, el guiño de sus ojos y ese lunar extraviado en la geografía de su semblante, donde unos labios secretos confesarán cuál fue su presagio. Bienvenida.