a tres candidatos

Luis González de Alba. Escritor. Entre sus libros, Agapi Mu (Cal y arena). “La ciencia en la calle” da título a su columna semanal en el diario La Jornada.

A unos meses de que los capitalinos elijamos por primera vez desde hace más de medio siglo a nuestro gobernante, los tres candidatos principales y con oportunidades de triunfar cojean del mismo pie: se dirigen exclusivamente a las señoras copetonas (y las hay de todas las clases sociales y en todos los sexos). Al parecer, la inmensa mayoría de los capitalinos, los millones que se toman sin vergüenza unas copas, se llevan una puta, compran una revista o un video porno en los kioskos de periódicos y reniegan por la ley seca establecida para celebrar a Juárez, no tienen derechos. La mayor parte de esta población normal, común y corriente, no se atreve a defender sus gustos y placeres en voz alta. Otros sí lo hacemos y exigimos, además, una definición a los tres candidatos en las áreas de la sexualidad y terrenos aledaños: teatro, cine, vida nocturna, prostitución, pornografía, reglamentos. No todo es el problema de la inseguridad y de la cafrez en el transporte, problemas serios que ya merecen la atención de los candidatos. No son menos serios los mencionados arriba. Con mayor razón cuando no parece haber siquiera la intención de tratarlos, al parecer porque los candidatos a gobernarnos están convencidos de que tomando una posición o la contraria de todas formas perderán a una franja de electores. Lo cual es rigurosamente cierto. Por lo mismo, con habilidad de avestruces, prefieren no tocar sino los temas serios y correctos que se pueden debatir ante las tías, como la inseguridad, el tránsito insoluble, el transporte público o la contaminación. 

Las moralidades 

Hay autoridades y grupos vecinales que desearían imponer a millones de capitalinos sus horarios para dormir y sus propias concepciones sobre moralidad. En ocasiones tal postura es, al menos, auténtica, y las personas predican con el ejemplo. Pero la mayoría de las veces no es así y se hace gala de virtudes públicas mientras se ocultan vicios privados. 

Lo cierto es que existen concepciones encontradas que la legislación debe armonizar. Quien desea dormir debe poder hacerlo, y quien desea desvelarse, también. Los grupos vecinales en ocasiones levantan protestas razonables, pero en otras parece molestarles lo que ocurre tras un muro de ladrillo o se vende en sobre cerrado. Como dice el refrán: les hace daño hasta lo que no se comen… o hasta lo que no se meten. 

Un ejemplo de intolerancia: hace unos dos años se abrió un bar sobre Insurgentes, frente a la colonia Roma. Es un bar gay con la modalidad leather, lo cual significa que la clientela va en ropa de malo. No existe una sola casa habitación en varias cuadras a la redonda y el uso de suelo permite todo lo legal en dicha zona. Pero un grupo de damas se enteró de lo que adentro sucedía, se enteró necesariamente de oídas, y dieron en apostarse ante la puerta levantando carteles que exigían la clausura. El bar, por su género, y por lo que efectivamente puede estar ocurriendo en su interior, es particularmente silencioso; comparado con los bares de putas y heterosexuales resulta un convento; pero las damas consiguieron la clausura, sólo temporal, por suerte. Así vemos que algunos temas ni siquiera pueden tratarse en voz mesurada, pues su sola mención horroriza a una minúscula pero ruidosa minoría ciudadana. Es indudable que debemos controlar el escándalo, el volumen de la música que sale a la calle; evitar las dobles filas de autos, casi siempre de diputados, frente a lugares de moda. Pero también es cierto que no serán las prohibiciones absolutas, sino la legislación en torno a los giros conflictivos, y el respeto posterior a dicha legislación, lo que hará una ciudad habitable para quienes piensan de maneras distintas y hasta opuestas.

Prostitución 

El ejercicio de la prostitución es un derecho inalienable porque se refiere al uso del propio cuerpo. Es asunto de dos: alguien que compra y alguien que vende. Por lo mismo, como toda operación comercial, debe regularse, pagar impuestos y garantizar condiciones de higiene. Eso y nada más. Por supuesto, al igual que un taller mecánico, no puede establecerse en cualquier parte esa oferta, como tampoco una panadería ni un hospital, así pues la prostitución debe ajustarse a los usos del suelo. Ninguna otra discusión es admisible sin infringir los derechos de dos adultos a relacionarse sexualmente como hayan consentido ambos en hacerlo.

Pornografía 

Habíamos visto una sana y abundante proliferación de modelos, femeninos y masculinos, en las portadas de revistas y videos expuestos a la venta, cuando un paradójico reglamento prohibió tales cuerpos, excepto cuando aparecen destrozados bajo las ruedas de un tren o encostalados por un sádico. Sangre sí, sesos desparramados también. Buenos cuerpos, nunca. El derecho de los adultos a ver no puede limitarse más que por el derecho de otros adultos a no ser obligados a ver. Es comprensible el disgusto de la persona que sale a comprar una revista de tejido y se da de bruces con una pareja en pleno acto sexual. Pero, como en el caso del bar relatado arriba, nadie puede exigir que la pornografía no se venda ni en sobres cerrados y con portadas en las que el sexo no aparezca. La pornografía es un derecho de los adultos, derecho de verla y derecho de producirla con modelos mayores de edad y conscientes. No existe argumento alguno para prohibir la exhibición de cine pornográfico a ciudadanos y ciudadanas que deseen verlo en salas cerradas, tras gruesos muros de piedra y pagando por el ingreso.

Ultrarregulación y corrupción 

El presidente Zedillo acaba de mencionar los excesos en los reglamentos como fuente de corrupción. Tarde le llegó la noticia. Eso lo sabemos todos los que hemos debido realizar algún trámite para la apertura de un negocio. Podrá el lector no creerlo, pero el primer paso al solicitar una licencia para restorán con venta de bebidas alcohólicas, es presentar los planos originales del centro comercial o edificio donde se pretenda abrir el negocio, así como sus licencias de construcción originales; papeles, todos éstos, ¡que la delegación tiene en sus archivos! Lo primero que uno argumenta es que no construyó nada, simplemente rentó un local en zona donde se permite ese giro. Luego, es posible que el edificio o centro comercial donde el iluso quiera invertir su capital (en vez de tenerlo cómodamente en el banco), tenga 50 años de antigüedad y por tanto quizá los planos ya no existan. El futuro inversionista tiene una súbita iluminación y pide a la autoridad que le certifique los planos existentes en los archivos de la delegación, de manera que pasen por originales. Respuesta: dijo usted que no tenía los planos por ser inquilino… Luego no es usted el dueño… por tanto no puedo admitir su solicitud por no tener usted derecho alguno a solicitar esos documentos. Entonces debe uno buscar al propietario, pedirle que solicite los planos a la delegación y llevar luego la solicitud a la delegación. Entonces la delegación copia y certifica los planos que allí tenía en un archivo, los entrega al inversionista que desea poner un changarro con el dinero que le estaba produciendo buenas utilidades en el banco y acto seguido el inversionista entrega sus planos certificados en la ventanilla que se encuentra a un metro de aquella donde sufrió tres meses o seis o un año, para obtener los planos. Y ése es apenas el punto número uno. Faltan otros treinta. 

Y cuando tras año y medio o dos años se obtiene la licencia de funcionamiento, la autoridad ya cambió y una delegada del PAN decide iniciar un programa de revisiones cuyo primer punto es… presentación de los planos originales y licencias de construcción originales, más los planos y licencias de todas las modificaciones realizadas al predio desde que era pirámide. ¿Qué hacer? Cerrar e irse a otro país es una alternativa. Otra es exigir de los candidatos al gobierno del Distrito Federal una respuesta ante tales laberintos y votar en consecuencia.

Los arranques súbitos de moral 

Las campañas moralizantes que de cuando en cuando emprenden las autoridades, ¿se deben más a consideraciones momentáneas y discrecionales? ¿Las realizan a instancias de sus esposas? Se afectan derechos ciudadanos cuando una patrulla exige a una persona parada en una esquina que justifique su presencia allí, como ocurre durante dichas campañas. En tales casos debe uno poder responder tranquilamente que no hace nada, que salió a tomar el fresco o que está ligando. En todo el país existe libertad de tránsito, luego la pregunta misma acerca del motivo que nos tiene en la calle cuando la patrulla opina que debíamos dormir, limita la libertad de las personas de forma inadmisible. 

Las prohibiciones, por otra parte, ni siquiera se cumplen, y no son sino fuente de corrupción, como bien afirmó el presidente Zedillo: ¿hay algún bar que cierre a la una de la mañana? Si debe hacerlo “porque lo dice el Reglamento”, es obvio que se debe cambiar el Reglamento. Una cultura de la tolerancia hará más por la vida ciudadana que la imposición de un solo criterio a una población plural. ¿Alguno de los tres candidatos parece particularmente tolerante? Resulta enojoso, pero al que menos intolerancias se le conocen, quizá por ser desconocido en todos los aspectos, es al candidato del PRI, lo cual podría tentar a los votantes asustados por las ridiculeces del PAN en sus municipios y por la moral panista del cardenismo en Michoacán. Quien decida no votar por el PRI bajo ninguna circunstancia, puede ver en el candidato del PAN una ventaja sobre el candidato del PRD: al menos Carlos Castillo Peraza es fumador y malhablado. A algunos no deja de producirnos simpatía que a una pregunta lépera de una periodista malintencionada haya respondido con una palabra exacta: señorita, ésas son chingaderas; así como produce risa que el gremio más famoso por borracho, malhablado y prepotente, los periodistas, sigan pudorosamente sonrojados por una expresión que al parecer no habían escuchado jamás. Castillo al menos no podrá imponernos el rídiculo reglamento que prohíbe decir groserías. Otra posibilidad para quien no desee más PRI, pero tampoco un cabildo panista legislando sobre el largo legal de la falda, es la de suponer que Cárdenas podría resultar atemperado por un Muñoz Ledo buen bebedor, buen comedor, farandulero e inteligente que habría sido gobernante más confiable, pero que, si no rompe con Cárdenas, puede suavizar esa moral zamorana y protopanista que vemos cernirse sobre la capital con el posible triunfo del PRD. 

En fin, también puede ocurrir que los tres candidatos a gobernarnos encuentren estos temas frívolos, opinión muy extendida en la izquierda, la derecha y el centro, sea eso ya lo que sea.