Valéry fue invitado a dar un discurso en un Congreso de Cirugía en el anfiteatro de la Escuela de Medicina de París, un 17 de octubre de 1938, por sus méritos como pensador y poeta. Puede verse que batalló para saber qué decir sobre un tema que no dominaba. El texto es una excusa para hablar de los orígenes ancestrales de la práctica de la cirugía, de cómo el cuerpo humano trabaja pese a lo ignorantes que somos de cómo funciona.
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