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José Homero. Escritor. Es director de la revista Graffiti.

EI enfrentamiento con creaturas susceptibles de semejar humanidad, sea por su conducta, rasgos o actuaciones, como simios, monstruos, muñecos, marionetas, maniquíes, humanoides… obliga a interrogarnos sobe nuestra identidad. José Juan Tablada expresó en un haikú tal perplejidad: “El pequeño mono me mira / quisiera decirme / algo que se le olvida”. Ventriloquía inalámbrica de Guillermo Samperio se construye sobre un juego de identidades. No sólo hay homonimia entre el reportero o escritor que entrevista al ventrílocuo, ambos llamados Guillermo Samperio, sino que los inquietantes hombres de overol, empleados del taller, se parecen físicamente al maestro artesano, con ligeras diferencias que acentúan su condición sucedánea.

Nuestra humanidad se funda en la conciencia de la muerte, más que en el lenguaje o el uso de herramientas, que compartimos con otras especies animales. Una entrevista constituye el hilo conductor de Ventriloquía inalámbrica. Un anónimo muñeco de elegante aunque añosa indumentaria discurre sobre la naturaleza de la ventriloquía, término aplicado aquí a la capacidad de animar creaturas ficticias mediante voces. Más que una descripción minuciosa de las peculiaridades del ventrílocuo el muñeco aborda las relaciones entre el escritor y sus personajes sin excluir otras relaciones donde la confesión se entrevera con la inquisición de la personalidad, como el sicoanálisis. Las denominadas casas, como talleres de ventrílocuos, son obras de escritores que han tocado ese mundo dual donde ficción y realidad se confunden, como Carlo Collodi, Salvador Garmendia, Julio Cortázar, Tommasso Landolfi, Felisberto Hernández y aun quienes en rigor no inciden en la temática de los dobles, así J. D. Salinger. El charlatán muñeco evoca una historia de Massimo Bontempelli en la que una mujer llamada Minnie, incapaz de distinguir entre muñecos y seres humanos, se vuelve alcohólica y, más tarde, al presumir que ella misma podría ser un antropoide, se suicida. Saber quién es uno puede resultar una experiencia atroz, como es tópico del horror donde el descubrimiento de la maldad en sí mismo lleva a los personajes al crimen, el suicidio, la locura. El muñeco indica a su interlocutor que Minnie no “estaba preparada para concebirse a sí misma como muñeca y entonces eligió la muerte” y con tono que imaginamos reticente añade que si los muñecos que duermen en el estudio couch cobraran “conciencia de su papel en la vida” también morirían.

La dimensión temporal dirige nuestros actos, de ahí que sólo los hombres puedan reír, competir, crear, elaborar deleznables ardites para prolongar su vida así sea en la memoria de la especie. El melancólico hombre del overol gris metálico cuya especialidad son los desiertos anímicos admite todas las reflexiones sobre la muerte pues el fúnebre humor se adecua a sus tareas. Este hombre se concentra en la muerte no como cese de la existencia de cada individuo ni en su presencia en el ir viviendo (“afirmar la supremacía de este proceso no es más que una puerilidad” sentencia el reportero con presuntuoso desdén) sino en las varias muertes, sean del cuerpo o el alma, presentes en toda personalidad. Convencido de que una autobiografía se va creando de forma esferoidal, propone un símil cosmológico para explicar la vida interior. En ese espacio que a imagen del universo se expande, si un nuevo amor surge los amores del pasado son agujeros negros cuyo espacio nadie podrá ocupar.

La expansión primordial del cosmos recuerda los círculos concéntricos. Cada objeto en Ventriloquía inalámbrica provoca un reflejo que a su vez provoca un reflejo, “lo imaginario de lo imaginario, lo imaginativo multiplicado, en espiral”. Ventriloquía inalámbrica es especular y espectacular porque trata de simulacros. El Ventrílocuo se repite en sus ayudantes como el escritor en sus personajes, el muñeco en la imaginación de los espectadores, la realidad en la ficción, una obra en otra obra.

Composición de casa de espejos. El muñeco sabe que su conciencia está fuera de él, del mismo modo que el paciente para articular su personalidad ante el analista habrá de desdoblarse, efectuar un acto de extrañamiento. Extrañamiento, un nombre dado por Slojki a la experiencia estética. El muñeco se descubre antiguo miembro de una banda que robaba felicidad a los rostros, ternura a las manos y utopía a los soñadores. El crimen de esa banda consistía en obligar a sus víctimas a la asunción de su orfandad proscribiendo la ingenuidad. La estirpe de los timadores, entre quienes el Ventrílocuo se incluye junto a otros exponentes del arte, la magia y el entretenimiento, aquellos que aprovechan “la magia del mundo cotidiano y sus posibles infinitas combinaciones” se propone recrear la realidad mediante el artificio originando un curioso híbrido llamado ficción, cuyos dominios no son reales pero tampoco pertenecen a la nada. Por esa condición mestiza que le permite no pagar peaje en la aduana axiológica, el arte está más allá del bien y el mal como quería Nietzsche. Más que edulcorar, lo que sí implica falsear la realidad, la ficción nos revela la auténtica imagen de la existencia.

Al proponer la reproductibilidad como elemento aglutinante, Samperio toca zonas privilegiadas de la discusión contemporánea: la intertextualidad, la lectura como forma de lectura, la originalidad en los dominios de la reproductibilidad. He dicho toca porque Samperio se cuida de ofrecer respuestas prefiriendo la digresión.

Ventriloquía inalámbrica es un juguete acorde a la hibridez que distingue al libro. Compuesto como un dispositivo combina fotografías con texto y dentro de éste cuatro vetas discursivas divididas en partes que se van distribuyendo de modo entreverado: la entrevista con el muñeco que articula el reportaje sobre “un taller de ventriloquía”, que a decir de Samperio define al libro, intitulada “Confesiones de un muñeco”; la historia sentimental del Ventrílocuo, llamada “El Ventrílocuo y su dama”; acercamientos a los hombres de overol; y notas sobre la personalidad del Ventrílocuo. El libro se revela entonces una indagación en la naturaleza de los distintos componentes de ese taller; maestro, empleados, muñecos…

Tal entreveramiento de piezas al modo de un mecanismo de ruedas y engranes se expresa desde un punto de vista retórico como mezcla de géneros: el reportaje, la entrevista. el ensayo, el aforismo, el relato propiamente dicho si tal cosa existe, con la digresión como figura retórica articulando el discurso. Muñeco, narrador, Ventrílocuo trazan relaciones entre la escritura y otras formas de representación. discurren sobre la naturaleza estética, razonan sobre las utopías, sugieren la melancolía como estado del hombre, subrepticiamente elogian el erotismo y la fiesta como exultación vital. Samperio ha querido un libro de muchas combinaciones que nos obligue a reflejarnos en él y contemplar la vida a semejanza de un producto compuesta con fragmentos de brillantes superficies. Caleidoscopio o poliedro, la apuesta de Samperio es notable aunque los resultados sean fallidos. Samperio confirma su preferencia fantástica y revela un talante que es talento analítico, la capacidad de establecer asociaciones y de encontrar vínculos donde otros ven diferencias. Por desgracia, en su afán por ofrecer un artefacto inteligente descuida el aspecto imaginativo y su libro deviene curioso espécimen de la divagación, el diario, el cuaderno del escritor, no obstante el rigor conque está construido. Si el tema parece en principio tan incitante como toda juguetería, pronto advertimos que ninguno de esos personajes, ni el muñeco capaz de hablar sin el concurso de los labios del Ventrílocuo, ni el Ventrílocuo de infinita tristeza y amores exóticos y tampoco los hombres de overol, nos inquietan o conmueven. Samperio los emplea como vehículos de sus ideas, opiniones, acontecimientos. A ello contribuye un estilo abundante en vaguedades, en adjetivos que no definen y a cambio diluyen cualidades, en recursos de principiante como la fácil paradoja, la ambigüedad, las metáforas gastadas, los símiles reuniendo cualidades concretas con abstractas, todo aquello en fin que Ezra Pound precognizara como propio de una literatura complaciente por imprecisa -o viceversa. Al usar tales herramientas para configurar una experiencia mágica u onírica, en vez de provocar nuestra atracción causa una sensación de mareo, de ofuscación:

Una perpetua pieza musical que variaba a cada instante en notas exactas brotaba del viento mismo o de ninguna parte. Transité sus calles arrobado por una intensa serenidad que nunca se había puesto tan cerca de mí, tan cerca de la plenitud que dirigía mis pasos.

Al confundir agudeza con inteligencia, que no camina nunca sin la discreción, el narrador permite que estas creaturas parezcan lo que paradójicamente no deberían parecer: objetos movidos por una conciencia. La tienda de muñecos de la Casa Samperio fracasa no sólo porque al Ventrílocuo se le ven los labios sino porque, como esa lúcida creatura que es el muñeco, sabe que una obra incapaz de inocular su larva en nuestra imaginación está muerta. El estrépito que escuchamos a nuestras espaldas mientras nos encaminamos hacia la salida poco tiene que ver con ese juego fantasmagórico al modo de la Casa Usher ni con las imprecaciones del enojado autor ante las opiniones de este crítico, sin duda tendenciosas como todas aquellas que no ratifican la imagen que queremos el mágico espejo nos devuelva: es el sonido que causan las marionetas al caer, incapaces de estar vivas.

Libro-juguete, libro-juego, ventriloquía inalámbrica refuerza una intuición presente en la obra de Guillermo Samperio: la identidad vive en una sala de espejos.

Guillermo Samperio

Ventriloquía inalámbrica

Océano

México, 1996

214 pp.