El gobierno de Claudia Sheinbaum recibe muchos pendientes educativos, sumados a los que se han acumulado por décadas. Los grandes problemas —acceso, equidad y calidad— ahí siguen, incluso se han agudizado por la pandemia y también por las políticas de austeridad financiera, entre otras cosas.
En educación básica, el principal proyecto es la Nueva Escuela Mexicana. Se trata de un modelo educativo que integra elementos que ya se usaban en el salón de clases: el trabajo por proyectos, la organización por fases y campos formativos y la autonomía docente; también agrega el papel de la comunidad como referencia en el aprendizaje y sustituye la evaluación “sumativa” (o numérica) por la “formativa” (cualitativa). Como no hubo un programa piloto, a un año de ponerse en marcha, no habrá una evaluación formal sobre lo sucedido en las aulas y sus impactos en la enseñanza y el aprendizaje. También se echó a andar una reforma en las escuelas normales, alineada a la Nueva Escuela Mexicana, que ha dejado más dudas que certezas.
En cuanto a la infraestructura de las escuelas se estableció el programa La Escuela es Nuestra, que consiste en la transferencia directa de dinero a los planteles educativos para que sea administrado por sus comunidades. Inició con una inversión limitada de 2.5 mil millones en 2020 para cerrar el sexenio con un presupuesto de 28.3 mil millones en 2024. El total gastado es de 84 000 millones. Como señala el portal Animal Político,1 La Escuela es Nuestra ha sido señalado por la Auditoría Superior de la Federación por problemas de opacidad. El gobierno reporta que un 99 % de escuelas básicas han recibido apoyo, pero sólo hay información del 36 %.
En educación media superior, la principal iniciativa fue una nueva versión del Marco Curricular Común de la Educación Media Superior, un proyecto difícil de aterrizar en las escuelas porque tiene implicaciones económicas y la mayoría de los recursos en este nivel se ha destinado a becas. Por ejemplo, no hay fondos para capacitar y echar a andar la parte de las habilidades socioemocionales. Según la Iniciativa de Educación con Equidad y Calidad del Tecnológico de Monterrey, la matrícula en educación superior cayó de 2021 a 2022 7 % con respecto al ciclo 2018-2019.2 Las políticas propuestas hasta ahora no atienden esta grave situación, salvo el ofrecimiento de becas, pero se sabe que sin apoyos académicos e institucionales será difícil recuperar a esos estudiantes.
En educación superior, el programa emblema son las Universidades para el Bienestar Benito Juárez García. El gobierno en turno afirma haber creado 203 de esas instituciones, aunque hay dudas sobre la veracidad de la cifra. Los principales cuestionamientos a esas “universidades” son su oferta y calidad académicas. Si bien su principal objetivo es atender a la población tradicionalmente excluida de la educación superior, los planteles no están en las zonas más marginadas del país. La planta docente está precarizada; no hay planeación sobre los programas que se ofrecen;3 la infraestructura en muchos de esos planteles es deplorable y algunas escuelas ni siquiera han empezado a construirse; hay retrasos en la entrega de certificados a los estudiantes que ya concluyeron su licenciatura, entre otras carencias.
En los tres niveles se privilegió la entrega de becas. No se puede olvidar que todo el dinero destinado a becas deja de ir a otros rubros educativos como capacitación docente o infraestructura.4
Por si no fuera suficiente, los efectos negativos de la pandemia continúan5 y en algunos casos se agudizaron: abandono, pérdida de aprendizajes y aumento de las brechas entre los que más tienen frente a los que viven con mayores carencias económicas.

Al revisar la encuesta de salida de GEA-ISA de las elecciones presidenciales sobresalen estos datos: 45 % de votantes con estudios superiores apoyaron a Sheinbaum; los problemas que más preocupan a quienes votaron son la economía, la seguridad y la corrupción; de quienes tienen menores de edad dependientes, el 58 % votó por Morena. Son claras dos cosas: primero, que las personas que votaron dieron un apoyo contundente a lo hecho por López Obrador; y, segundo, la educación no fue un tema importante.
Lo educativo tampoco tuvo un lugar destacado durante las campañas electorales. De hecho, en el primer debate presidencial (7 de abril), el día en que se abordaría el tema educativo, fue evidente que ni las candidatas ni el candidato se preocuparon por plantear propuestas concretas. Las pocas cosas dichas fueron insuficientes e incompletas. Lo único que prevaleció en la agenda fue la oferta de becas: era como atestiguar una subasta para ver quién ofrecía más.
Sheinbaum siempre prometió continuidad, con respecto a lo que hizo en Ciudad de México y con el gobierno de López Obrador. Y ganó de manera abrumadora. Los últimos tres presidentes de México nombraron cada uno a tres secretarios o secretarias de Educación. Es decir, han pasado dieciocho años con cambios constantes en la dirección de una dependencia de gobierno que requiere estabilidad, dedicación, conocimiento y empeño. Lo deseable sería que Sheinbaum nombre a una persona para que se mantenga todo el sexenio. La actual transición tiene características parecidas a la que sucedió entre Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, por lo menos en materia educativa. A este último le tocó consolidar el llamado Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica (Anmeb) iniciado por su antecesor. Es una situación similar a lo que ahora se ha vendido como el “segundo piso de la transformación”.
En resumen, las propuestas de Sheinbaum son las siguientes:
En educación inicial y básica.- Becas; atención a salud y educación; educación inicial; fortalecer la Nueva Escuela Mexicana, continuar con el programa La Escuela es Nuestra. Consolidar el Programa Nacional de Formación Continua.
En media superior.- Becas; construir escuelas o reacondicionar algunas; fortalecer el Marco Curricular Común; trayectorias continuas en bachilleratos tecnológicos; impulsar sistema educativo híbrido y dual; mejorar condiciones laborales de docentes.
En educación superior.- Becas; más planeación; gratuidad; 55 % de cobertura en educación superior; expandir las universidades Rosario Castellanos y la de la Salud; consolidar las Universidades para el Bienestar Benito Juárez; fortalecer las escuelas normales.
Algunos temas pendientes son, por un lado, el anuncio del 20 de junio pasado sobre la creación de la Secretaría de Ciencia que va a sustituir al actual Consejo Nacional de Ciencias, Humanidades y Tecnología (Conahcyt), pero no se ha explicado si esa nueva dependencia va a tomar algunas funciones de la Subsecretaría de Educación Superior o no (ante el mandato de expandir a nivel nacional las universidades capitalinas Rosario Castellanos y de la Salud).
Por otro lado, está en duda qué sucederá con la evaluación del sistema educativo. Con la reforma al artículo tercero en 2019, desapareció el primer órgano autónomo, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), y se formó la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (MejorEdu). Pues bien, dentro de las dieciocho reformas que presentó López Obrador (en febrero pasado) como parte del llamado Plan C, se encuentra la iniciativa para la “extinción de órganos con duplicidad de funciones”,6 en donde se incluye desaparecer a MejorEdu y que sus funciones pasen a formar parte de la Secretaría de Educación Pública (SEP). El problema con esta medida es que se dejaría de contar con una institución que no dependa de la SEP para dar a conocer los datos sobre el sistema educativo y que se encargue de los procesos de evaluación y mejoramiento. Se requiere un órgano que, con autonomía técnica —por lo menos—presente los resultados educativos sin tener que depender de la aprobación del secretario o secretaria en turno. No son pocos los episodios de opacidad gubernamental en esta materia, de este gobierno y de anteriores.
Además de que se suspendieron las pruebas estandarizadas como Planea en el nivel básico y en media superior, también se canceló la participación de México en el Estudio Regional Comparativo y Explicativo (Erce) elaborado por la Unesco. Y no queda claro, después de muchas especulaciones, si el país va a participar en el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (Pisa, por sus siglas en inglés) de la OCDE. Sin pruebas estandarizadas ni estudios comparados sobre los aprendizajes y las habilidades de los estudiantes mexicanos será imposible saber los resultados del nuevo modelo educativo o cuál es la recuperación de aprendizajes después de la pandemia. Urge que el nuevo gobierno fije una postura al respecto.
Por último, falta ver qué sucederá con los sindicatos de maestros, pero por lo pronto, el líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) será senador plurinominal del partido de la presidenta. También quedan pendientes el control de las plazas y la evaluación docente. Tema viejo pero crucial para el sistema educativo.

Para concretar los planes propuestos por Sheinbaum se requerirá mucho dinero. Por ejemplo, para las becas universales —en cálculos rápidos y redondeando las cifras— hay matriculados 21.7 millones de estudiantes en educación básica pública. El quinto informe de gobierno reportó haber ofrecido 5.7 millones de becas para “niñas, niños y adolescentes de escuelas”.7 La erogación fue de 33.1 millones de pesos. Si se va a otorgar una beca universal para esos niños y esas niñas: 600 pesos para preescolar y 650 pesos para primaria (en diez pagos al año),8 se necesitarán unos 18.8 mil millones de pesos anuales para dar una beca a 3.1 millones de estudiantes de preescolar y cerca de 97 000 millones de pesos al año para becar a 14.9 millones de estudiantes de primaria y secundaria. ¿De dónde va a salir ese dinero si no habrá reforma fiscal? Aunque se ha informado que la cobertura de becas será paulatina, también se ha dicho que esas becas quedarán establecidas en la Constitución.9
Pero las becas sólo son una parte del dinero que se requiere, la atención a la demanda de secundaria es de 95 % y de media superior es de apenas 86.2 %.10 Ni qué decir de los problemas para la educación superior con los cambios constitucionales que ocurrieron en este gobierno: es obligatoria para el Estado y debe ser gratuita. Ni una ni la otra cosa se han cumplido; las presiones a las universidades para que ejecuten el mandato constitucional aumentan.
El 4 de julio se dio a conocer que Mario Delgado será el titular de la Secretaría de Educación Pública. A reserva de que falta tiempo para saber cómo se va a conformar su equipo, parece un nombramiento político más que técnico con lo que se ve complicado que pueda estar los seis años en el cargo. Delgado no es una persona que conozca a fondo el sistema; si bien ya vimos en este sexenio que poner al frente a dos maestras no es garantía de nada, el cargo exige conocimiento sobre las escuelas mexicanas, pero también liderazgo, presencia pública y ejecución. En su trayectoria hay participación legislativa contradictoria en las dos últimas reformas educativas, aunque en esta ocasión no habrá espacio para la ambigüedad: tiene una agenda muy clara que seguir.
Sin duda, el resultado de las elecciones fue un contundente mensaje de apoyo de quienes votaron hacia el actual régimen. Pero eso no significa que la política pública se haga sin seguir una racionalidad. Las preguntas deben continuar planteándose y la exigencia de resultados no puede detenerse por el bien de la educación, de la República y de las personas que menos tienen. Para que la educación sea una prioridad del Estado, debe otorgársele un lugar preponderante en la agenda pública, el lugar que no ha tenido antes y que no tuvo en este proceso electoral. Toca a todos y a todas dar un giro a esa apatía hacia lo educativo. Sin una buena educación no habrá un verdadero bienestar.
El nombramiento de Mario Delgado no parece ser un mensaje en ese sentido.
Alma Maldonado-Maldonado
Investigadora del Departamento de Investigaciones Educativas del Cinvestav y editora del blog Distancia por Tiempos
1 Animal Político. “Inversión millonaria LEEN: Falta transparencia. Verificación de Hechos”, 2 de febrero de 2024.
2 Fernández, M.; Reyes, S., y Herrera, L. “El marco curricular general, 2022. Para la educación básica: una oportunidad perdida”, Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tec de Monterrey e Iniciativa de Educación con Equidad y Calidad, 23 de agosto de 2022.
3 Sugiero revisar el capítulo de mi autoría: “Detener la negligencia: ¿Qué hacer con las Universidades para el Bienestar Benito Juárez García?”, en El futuro de la política de educación superior en México. Los rezagos y las oportunidades, Cabrero, E., y Moreno, C. I. (coords.), UDG, México, 2024.
4 Fernández, M., y Herrera, L. N. “Los pesos de la educación: La propuesta de inversión para 2023”, nexos, blog Distancia por Tiempos, 14 de septiembre de 2022.
5 “Volver a las aulas”, nexos, número 522, año 44, volumen XLIII, junio de 2021.
6 Morales Fredes, F. “El Plan C: En qué consisten las 18 reformas de AMLO pendientes en el Congreso”, El Economista, 7 de junio de 2024.
7 Gobierno de México, Quinto informe de gobierno, 2023.
8 Redacción, “De ‘Mi Beca para Empezar’ a la Universal: Este es el plan de Sheinbaum para apoyar la educación básica”, El Financiero, 22 de junio de 2024.
9 Aguilar, K. “Omite Sheinbaum ante legisladores de la 4T mencionar la reforma al PJ como prioridad y agrega otra”, 24 Horas Puebla, 18 de junio de 2024.
10 MejorEdu. Indicadores nacionales de la mejora continua de la educación en México 2023. Cifras del ciclo escolar 2021-2022. MejorEdu, 2024.