Originalmente, Aguirre empezaba sobre un glaciar a gran altura, con el plano de una lejana hilera de gente y animales, conquistadores españoles y esclavos indios encadenados, alpacas y una piara de cerdos negros, mosquetes, cañones y palanquines. Se suponía que los cerdos se tambalearían por el serpenteante camino aquejados de mal de altura, y quise hacer pruebas con un veterinario, pero al final descarté la idea. Para facilitar el rodaje busqué un glaciar cercano a una carretera transitable, y Till y yo condujimos tres horas, subiendo sin pausa, desde Lima, que está al nivel del mar, hasta el paso de Ticlio, situado a poco menos de cinco mil metros de altitud. En la cima ya nevaba y nosotros nos sentíamos pésimo por el mal de altura. Bajamos por una carretera secundaria en busca del glaciar adecuado, pero el pavimento estaba muy mal y por el camino fuimos encontrando cada vez más puntos apenas transitables, donde los corrimientos de tierra habían inundado o barrido en parte la carretera. La nevada era cada vez más copiosa.
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