Gozo y razón y pelota

GOZO  Me divierte jugar a la pelota.

RAZÓN  He aquí otra necedad para vocear y dar saltos.

GOZO  Con gusto juego a menudo a la pelota.

RAZÓN  Parece que aborreces el descanso y que te procuras más fatigas. Ojalá fuesen honestas. Si buscas este juego por ejercitarte, dime qué ejercicio sería más honesto, el de arrojarte aquí y allá locamente, sin que para nada intervenga el espíritu, o un paseo sosegado en el que el movimiento del cuerpo es provechoso y el del ingenio es honesto. Esta costumbre de pasear fue tan propia de algunos filósofos que de ella tomó su nombre la famosísima escuela de los peripatéticos. ¿Acaso prefieres imitar a Dionisio Siracusano, quien se dio febrilmente a ese enrevesado juego, que seguir a Aristóteles el Estagirita, quien se complacía con aquel reposado estudio y paseo? Bien es verdad que esa diversión de la pelota ha cautivado alguna vez a ciertos ingenios honestos y templados: Quintio Mucio Escévola, sacerdote de los augures, la practicó con maestría, y el divino Augusto, en cuanto acabaron las guerras civiles, cambió el campo de batalla por el del juego de la pelota y, según escriben algunos, también Marco Aurelio Antonio jugó muy bien; pero ni el ejemplo del primero, gran letrado en el Derecho, ni el de los otros dos, aunque fueran muy sabios y singulares emperadores, basta para que pueda gustarme ese juego vocinglero y precipitado: a ningún ingenio honesto le conviene un movimiento tan brusco, especialmente si se acompaña con tan insoportable griterío.

Fuente: Francisco Petrarca, Remedios para la vida. Traducción de José María Micó, Acantilado, Barcelona, 2023. [Con las gracias a Julio González.]

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Publicado en: 2024 Febrero, Cabos sueltos