Adolfo Gilly. Historiador y ensayista.

Baltimore es un puerto sobre el Atlántico y, como sucede con los puertos, es una hermosa ciudad porque por ella navega el espíritu que viene del mar. La visité con frecuencia en este otoño, durante mi estadía en Maryland, de cuyo estado es la capital.

En 1692, en una iglesia de Baltimore, alguien encontró un manuscrito de autor desconocido. Unos siglos después, en el verano de 1995 yo conocía a Baltimore apenas de nombre y no imaginaba aún su grande belleza. El 8 de agosto, los azares me llevaron a un pueblito en el centro de Francia, Chaudes‑Aigues (que, ni modo, quiere decir Aguascalientes, sin duda porque allí hay aguas termales, aclaración necesaria para proteger a sus habitantes de toda sospecha de intenciones políticas y de todo peligro de ocupación militar).

En un pequeño hotel de Chaudes-Aigues, pegada en la pared de la entrada, estaba una copia del manuscrito de Baltimore, en francés. De ahí la tomé y ésta es la traducción, lo másfiel que mis saberes y mis sentires me permiten, para empezar este año de trescientos cuatro años después.

Desiderata

Ve tranquilamente entre el ruido y la prisa y no olvides la paz que puede existir en el silencio.

Sin enajenación, vive en lo posible en buenos términos con todas las personas. Dí dulce y claramente tu verdad. Y escucha a los demás, aún al simple de espíritu y al ignorante: también ellos tienen su historia.

Evita a los individuos ruidosos y agresivos: son una vejación para el espíritu.

No te compares con nadie: podrías volverte vano o vanidoso. Siempre hay más grande y más pequeño que tú.

Goza de tus proyectos tanto como de tus logros. Sé prudente en tus asuntos; pues el mundo está lleno de pillerías. Pero no seas ciego hacia la virtud que existe: muchos individuos buscan los grandes ideales y en todas partes la vida desborda de heroísmo.

Sé tú mismo. Sobre todo, no finjas la amistad. Tampoco seas cínico en amor pues este es, frente a toda esterilidad y todo desencanto, tan eterno como la hierba.

Toma con bondad el consejo de los años renunciando con gracia a tu juventud. Afirma una fuerza de espíritu para protegerte en caso de desgracia repentina. Pero no te lleves mal con tus quimeras. Muchos miedos nacen de la fatiga y de la soledad.

Más allá de una sana disciplina, sé suave contigo mismo. Eres un hijo del universo, no menos que los árboles y las estrellas: tienes el derecho de estar aquí. Y te sea claro o no, sin duda el universo se desarrolla como debiera.

Está en paz con Dios, cualquiera sea tu concepción de él; y cualesquiera sean tus trabajos y tus sueños, conserva en el desorden ruidoso de la vida la paz en el alma tuya. Con todas sus perfidias, sus tareas fastidiosas y sus sueños rotos, el mundo es sin embargo hermoso.

Presta atención, trata de ser feliz.

Días después esos mismos azares y dos amigos queridos me habían llevado a Gerona, cerca de Barcelona, ciudad abierta al mar de los amores más antiguos. En una casa del barrio medieval encontré tres inscripciones en latín de principios del siglo XV, con su traducción al español. Aquí están, para cerrar en ley de otra ciudad este homenaje a Baltimore y a las generaciones que le dieron alma:

* Virtute decet non sangui ne niti

La virtud no debe redoblarse con la sangre.

* Omne solum fote patria est

Toda tierra es patria para los audaces.

* Legem nocens veretur fortunqm innocfns

El que desprecia la ley humilla el sino de los honestos.

París, enero 12, 1996.