1. En 1910 la Cámara de Diputados improvisó el Palacio de Minería para sesionar porque al Teatro Iturbide lo había destruido un incendio por segunda vez. Uno de los diputados era el poeta Salvador Díaz Mirón, que acababa de regresar de una aventura en su natal Veracruz, persiguiendo al forajido “Santanón”. En los primeros días lo saludaba un estudiante desde algún extremo de los altos corredores de Minería con el grito prolongado y cavernoso de “Díaz Miróóóóóón”; y no acababa el poeta de levantar la vista hacia el lugar de donde el grito había partido, cuando por el extremo contrario otro estudiante le gritaba: “¡Ahí viene Santanón!”. Enormes eran las cóleras del poeta que a todo trapo subía las escaleras para agarrar a quienes de tal modo se burlaban de sus hazañas militares. Nunca pudo atrapar a ninguno de sus burladores.
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