El titular del 26 de agosto de 1993 podría haber sido: “Una persona fallecida y otra herida de gravedad en disturbios raciales en Sudáfrica”. Eso sucedió, sin duda. Es un hecho que se puede incorporar a las estadísticas, puede servir para estudiar disturbios raciales —es lo bastante general para eso. Si cambiamos la escala, tendríamos algo un poco distinto: en Ciudad del Cabo una mujer fue asesinada y un hombre resultó gravemente herido, ambos blancos, víctimas de una multitud que coreaba consignas contra el apartheid. Sería verdad igualmente, pero tendría otro sentido. El hecho invitaría a preguntar por otras víctimas, blancas y negras, y por los disturbios en Pretoria, Johanesburgo o Durban. En ese plano, la geografía es otra, pone otros matices.
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