El espacio moral que Albert Camus reivindicó en los años cincuenta del siglo pasado durante el conflicto en Argelia parece que desapareció. Es cierto que su posición —que condenaba tanto los atentados terroristas de los independentistas argelinos cuanto las tácticas contraterroristas emprendidas por el gobierno francés (magistralmente capturadas por Pontecorvo en la película de 1966, La batalla de Argel)— nunca fue popular. No satisfizo a los nacionalistas franceses ni a los partidarios de la independencia de Argelia. Aunque Camus simpatizaba con la causa de la independencia, rechazaba —como señaló David Carroll hace tres lustros— que el Frente de Liberación Nacional (FLN) fuera el legítimo representante del pueblo argelino por la naturaleza misma de esa organización y por la campaña de terror que había librado en contra de diversas poblaciones civiles (árabes incluidas) desde 1954.
Este artículo está disponible sólo para suscriptores
Si ya tienes una suscripción puedes iniciar sesión aquí.
Suscríbete
Suscripción plus
(impresa y digital)
1 año por $ 799 MXN
Entrega de la edición impresa*
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
*Para envíos internacionales aplica un cargo extra, la tarifa se actualizará al seleccionar la dirección de envío
Suscripción digital
1 año por $ 399 MXN
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
¿Eres suscriptor de la revista y aún no tienes tu nuevo registro?
Para obtenerlo, sólo tienes que validar tus datos o escribe a soporte@nexos.com.mx.