Seguimos poseídos

Después de haber pasado horas, días, semanas leyendo, aprendiendo de memoria, explicándonos a nosotros mismos o explicando a otros una de las trascendentes odas de Horacio, un canto del Infierno, los actos III y IV de El rey Lear o las páginas sobre la muerte de Bergotte de la novela de Proust, volvemos a nuestros pequeños asuntos domésticos e insignificantes. Pero seguimos poseídos.

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