Nuevos aparatos sinfín. Nueva aparatología sin límites. Aparatización irremediable del ser humano. Dependencia in crescendo de incontables artilugios creados por los aparatoligistas empleados en Silicon Valley o sucedáneos en otras latitudes. El ser humano aparatizado en forma consciente o inconsciente. Los tecnofílicos enamorados y amantes de los nuevos aparatos versus los tecnofóbicos conscientes de las magias y tragedias creadas por la ciencia que no ceja de aparatizarnos. Itálicas sinfín, enseres sinfín. Debido a la fuerza de los grupos antiaparatizadores algunas realidades tecnológicas han sido y son cuestionadas. Día tras día, la aparatización ha transformado y transformará cada vez más al homo sapiens (cada vez menos sapiens) sin preguntarse: ¿se deben o no se deben hacer más pruebas aparatizadas?, ¿es ético o no proseguir y crear nuevos aparatos?

La generación de máquinas novedosas es geométrica: un nuevo artilugio da pie a dos; dos nuevos artefactos siembran ideas poderosas para crear otros aparatos. La aparatología es un mosaico infinito, similar a las teselas, cuyas formas, materiales y colores rayan en el infinito. La aparatología —tratamiento que se efectúa mediante el empleo de aparatos— abarca incontables quehaceres.
Aparatizado frente a mi computadora reflexiono sobre la medicina contemporánea, sobre aparatos sinfín y la nueva y decadente medicina; es decir: el muy anunciado fin de la relación doctor-paciente, cuya decrepitud se vincula con la imparable tecnología. Del final del galeno que escruta el rostro del enfermo y del paciente “cercano” que en ocasiones conoce rincones de la geografía del médico se ha escrito desde hace tiempo. La práctica médica en la era tecnológica de Karl Jaspers (Gedisa, Barcelona, 1988) es un viejo libro cuyos mensajes no han envejecido. Publicado originalmente en alemán en 1958, Jaspers (1888-1969), psiquiatra, médico, profesor de psicología y filosofía, denostado por el régimen nazi ya que su esposa era judía, reflexionó sobre el ascenso de la tecnología y sus repercusiones. El libro reúne la mayoría de sus escritos sobre medicina y tecnología; en sus textos destacan sapiencia, veracidad y advertencias. Leo en la cuarta de forros: “Fue médico entre los pensadores y filósofo entre los médicos”. Dicha dualidad le permitió comprender los entresijos de tales escuelas y cavilar acerca de ellos. A Jaspers le preocupaba que el ser humano se convirtiera en un instrumento de la ciencia y, a la par, temía al auge de la tecnología. Ambas realidades atentaban —atentan— contra la esencia del ser humano. El libro fue publicado hace 65 años: ¿qué diría hoy el profesor de filosofía en la Universidad de Heidelberg? Copio una entrada:
[…] Existen hoy en día auténticas y grandiosas concepciones biológicas. Sin embargo, la tendencia general parece contraria. En todo el mundo se educa gente que sabe mucho, que ha adquirido particular destreza, pero cuyo juicio autónomo, cuya facultad para un sondeo exploratorio de sus pacientes son escasos.
Estas tendencias a la especialización y al adiestramiento constituyen las tendencias generales de la época. Por todas partes la técnica da origen a grandes empresas, se generaliza el trato con las masas, que lleva a una nivelación por la cual los hombres se convierten en piezas de una maquinaria. La aparatización agosta la facultad del juicio, la riqueza del poder ver, la espontaneidad personal.
A Jaspers le preocupaba la aparatización de la medicina. Tenía y tiene razón. La tecnología médica es uno de los grandes triunfos de la medicina. Bien usada es un instrumento invaluable. Cuando el galeno se convierte en rehén y fanático de ella, le transfiere al enfermo su praxis. Quien pierde es el segundo. Su patología se aparatiza, sus quejas se estudian gracias a la aparatización de la medicina y del doctor, y el enfermo será diagnosticado después de ser aparatizado.
Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.