Tampoco me olvido de uno de los principales personajes de Pinar del Río cuando yo no cumplía aún los 5 años. Era un homosexual. Se llamaba Isauro, pero le decían Isaurito. Vivía con su mamá en una de las mejores casas del barrio, pintada de azul ministro, ese azul que en México le llaman colonial, con grandes candelabros en los techos y fotos familiares con marco dorado en las paredes. A Isaurito le tocó vivir el infierno de 35 000 hombres más en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, las UMAP, que eran campos de concentración ubicados en las extensas llanuras de Casmagüey, rodeados de alambradas y bajo vigilancia de soldados armados subidos en atalayas, con un letrero en la entrada que decía: El trabajo los hará hombres. Las grandes redadas de finales de los años sesenta en Cuba llevaron hasta allí a miles y miles de homosexuales […]
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