Ch’en Tsai-heng el de mi pueblo era un hombre de 60 años, amable, genial y de buen humor. Caminaba al final del día por las afueras del pueblo cuando vio a dos hombres que llevaban un fuego en una linterna. Trató de encender su pipa con el fuego pero no lo logró. Uno de los hombres le dijo: —¿Aún no pasas tu primera semana post mortem?—. Sorprendido, Ch’en contestó simplemente: —Todavía no.
—Eso lo explica todo —dijo el hombre—. Tus “ánimos diurnos” aún no se consumen, y entonces el fuego “nocturno” no va a encenderte la pipa.
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