Triste semana, amagada de trombas y ciclones, entristecida por el tenaz entoldamiento de los cielos, llena de lodazales y de charcas, para alegría de sastres y desastroso fin de pantalones. Como los boletines militares en los días azarosos de la guerra; como Payno o Romero en el congreso, ha retenido y acaparado la palabra el observatorio meteorológico. Bien es verdad que mi discreto y sabio amigo D. Mariano Bárcena, había informado ya, que es imposible, en el estado actual de la ciencia, predecir con mucho tiempo de anticipación, el acaecimiento de un fenómeno meteorológico.
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