Something’s Got to Give (1962) [es] la película que debía devolver a Marilyn Monroe al estrellato después del paso en falso que supuso su participación en The Misfits de John Huston, y que fue encomendada a la dirección del exigente George Cukor. El cineasta ya conocía la peculiar idiosincrasia de la actriz, a la que había dirigido en Let’s Make Love (1960). Pero la realidad de la nueva producción superó todas las expectativas: de 37 jornadas efectivas de rodaje, Monroe sólo estuvo en doce. Ausencias debidas en gran parte a indisposiciones de la actriz, con un complejo cuadro psicosomático por el que sus crisis depresivas la hacían especialmente vulnerable a enfermedades como una simple gripe.
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