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La industria T.S. Eliot sigue dando de qué hablar. Publicamos a continuación un breve texto que plantea otra “fuente” para algunos de los versos más famosos de Eliot. Recordemos su frase: “El buen poeta no plagia: roba”.


Pero este sitio es gris.
Y demasiado silencioso. No hay nadie aquí.
Esto es horrendo. Esto es el miedo.
No, no estoy tan muerta: esto grita aún dentro de mí,
Pero estoy cerca, muy pronto seré
Un puñado de polvo en el olvido…
“Madeleine en la Iglesia”, La esposa del granjero, 1916

Te mostraré el miedo en un puñado
de polvo.
“El entierro de los muertos”, La tierra baldía, 1922

Aunque no conozco ninguna referencia de T. S. Eliot a la poesía de Charlotte Mew, es muy improbable que Eliot no conociera su primer libro de poemas. En The Egoist, H. D. había hecho un elogio de La esposa del granjero, con una mención especial a “Madeleine en la iglesia”, en un número de esa revista que incluía también escritos de Ezra Pound y Wyndham Lewis. En junio de 1917, menos de un año después, el mismo Eliot fue asistente de edición de esa revista, y The Egoist publicaba lo que sería su primer libro de poemas, Prufrock y otras observaciones. “La Fête”, el otro de los dos poemas más impactantes en el libro de Mew, apareció primero en The Egoist en 1914, y lo publicó el mismo Pound —junto con un fragmento de El retrato del artista adolescente—. Es seguro que todo empujaba a Eliot a asomarse a la obra de esta nueva poeta.

Siempre di por hecho que “un puñado de polvo” era una referencia bíblica, pero no está en la Concordancia bíblica de Cruden. Hay “puñados de ceniza” que se vuelven “polvo” para formar una de las plagas de Egipto (Exodo 9:8); y el rey de Siria amenaza a Achab diciéndole que todo el “polvo de Samaria” no lograría hacer tantos “puñados” como seguidores tiene él (1 Reyes 21:10). Pero las menciones bíblicas al polvo que posiblemente se relacionan con “El entierro de los muertos” no hablan de ningún puñado: “polvo eres, y al polvo serás tornado” en el Génesis, y lo de Isaías: “Métete en la piedra, escóndete en el polvo, de la presencia espantosa de Jehová”. Más aún, mientras que para esta parte de esta sección de La tierra baldía Eliot adaptó los versos iniciales de un poema suyo anterior, “La muerte de San Narciso”, a veces siguiéndolos muy de cerca, en ese poema no hay huellas de “un puñado de polvo” ni de algún “miedo”. Estas son las palabras correspondientes:

Te mostraré sus miembros y ropas sangrantes
Y la sombra gris sobre sus labios.

Fue casi un hecho que Eliot adaptó estos versos en años inmediatamente posteriores a la aparición de La esposa del granjero.

El parecido entre el “Tengo miedo, me quedo contigo esta noche” en “El Cementerio de Nunhead” de Mew, y lo de Eliot: “Mis nervios están mal esta noche. Sí, mal. Quédate conmigo” en “Una partida de ajedrez”, es aún mayor si los versos se leen en el contexto. En ambos casos, el tiempo presente es un cambio súbito del tiempo pasado de los versos previos, y hay simultáneamente una ruptura abrupta e impactante en sus ritmos. (Sus ritmos originales y desconcertantes fueron al parecer la razón principal por la que Mew no está incluida en la antología Georgian Poetry de 1917.) También, si en los versos siguientes en los que ella habla el personaje de Eliot suena como alguien próximo al colapso nervioso, el hombre que habla en el poema de Mew sufre realmente de una “caída gradual en la demencia” —para usar las palabras que la misma poeta usó para describir lo que el poema representa. En “Una partida de ajedrez”, Eliot de nuevo trabajaba a partir de un poema inédito anterior, esta vez “La muerte de la duquesa” (ver La tierra baldía: Un facsímil y transcripción de los borradores originales, 1971, pp. 104-107). De nuevo, en el poema previo no hay señales de las palabras que se asemejan a las de Mew —o, para el caso, a las de la mujer próxima al colapso.

Otro poema en La esposa del granjero, “La casa en silencio”, contiene esto:

Rojo es el dolor más extraño a soportar;
En primavera las hojas sobre los árboles en flor;
En verano las rosas son algo peor que todos ellos;
Más terribles son que dulces:
Una rosa puede apuñalarte al cruzar la calle
Más hondo que cualquier cuchillo…

En el comienzo de La tierra baldía, las palabras que siguen a “Abril es el mes más cruel, engendra / Lilas de la tierra muerta” describen lo que al personaje que habla en estos versos de Mew le están haciendo en realidad esas hojas y flores: “mezclando / Memoria y deseo”. En las estrofas que siguen inmediatamente a estos versos, ella empieza a decir cómo la ha afectado su breve encuentro con un hombre un año más joven, encuentro que ha irrumpido en el tranquilo aislamiento de ella y su padre. Nada indica que, al dar forma a esos primeros versos de La tierra baldía, Eliot trabajaba sobre algunos poemas o fragmentos escritos por él mismo antes de 1916. Es posible que en su mente los versos de Mew se combinaran con los de Tennyson: “Sería entonces un lamento por el tiempo enterrado / que en abril despierta con mayor viveza” (In Memoriam CXVI; esta posible deuda fue señalada por David Tobin en La presencia del pasado: La herencia victoriana de T. S. Eliot, 1982).

La poesía de Mew fue admirada por Thomas Hardy y Virginia Woolf, y también por Pound. El hecho de que otro gran escritor pudiera utilizar esa poesía no necesariamente dice mucho, por supuesto, sobre sus méritos. No obstante, al ser posible que Mew haya contribuido a la forma del fraseo, la cadencia y el pensamiento de las cinco palabras más famosas de Eliot, y a dos más de sus versos memorables, ¿no podría estimular en algo la renovación del interés en su propia poesía? Este interés lo inició la reedición de Val Warner en 1981 de los Collected Poems and Prose, pero no obtuvo el calor suficiente. Y las ediciones de Carcanet en pasta dura, y de Virago en rústica, no se han vuelto a imprimir. La primera vez que Alida Klemantaski leyó un poema de Mew, “La esposa del granjero”, en Nation, quedó “electrizada” y de inmediato se lo aprendió de memoria. (Luego le repitió el poema al hombre con el que se casó, el editor Harold Monro, que poco después publicó el libro.) Mi opinión es que el poema aún electriza. También estoy seguro de que si a uno lo desafiaran a nombrar aquellos poemas escritos por un poeta inglés inglés desde la muerte de Tennyson que pudieran incluirse en una pequeña antología internacional de este periodo, “Madeleine en la iglesia” y otros poemas de Charlotte Mew serían de los primeros en la lista.

 

John Newton
Ensayista y poeta. Este texto apareció en The Times Literary Supplement.

Traducción de Luis Miguel Aguilar