Del gusto por los sueños

¿Qué le gusta a E. S. [Eduard Sam, el personaje de la novela] de los sueños? La semejanza con la vida, y la desemejanza; el efecto saludable sobre el cuerpo y el alma; la ilimitada selección de temas y contenidos y su arreglo; las insondables profundidades y sobrenaturales alturas; el erotismo; la libertad; la apertura gustosa a la orientación y la sugerencia (un pañuelo perfumado bajo la almohada, música suave en la radio o el tocadiscos); el parecido con la muerte y el poder de transferir vislumbres de eternidad; el parecido con la locura sin las consecuencias de la locura; la crueldad y la benevolencia; el poder de hurgar en los secretos más hondos; el dichoso silencio que desconoce los gritos; la facultad telepática y espiritista de comunicación con quienes han muerto largo tiempo atrás; el lenguaje codificado, que nos ingeniamos para comprender y traducir; la capacidad para condensar en imágenes las figuras míticas de Ícaro, Asuero, Jonás, Noé, etc.; la cualidad monocroma y polícroma; la semejanza con el útero y las fauces de un tiburón; la capacidad de volver conocidos lugares, gente y paisajes desconocidos y viceversa; el poder de diagnosticar ciertas dolencias y traumas antes de que sea demasiado tarde; la dificultad de determinar cuánto duran; el hecho de que se les pueda confundir con la realidad; el poder de preservar imágenes y recuerdos distantes; la falta de respeto por la cronología y las unidades clásicas de tiempo y lugar. ~Danilo Kis, Reloj de arena.

Fuente: Al Alvarez, La noche. Traducción de Marcelo Cohen (1996). Fiordo, Buenos Aires, 4.ª reimpresión, 2022.

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Publicado en: 2023 Junio, Cabos sueltos