Badiraguato

En la plazuela del pueblo, el edificio de la presidencia municipal y una sala de espera con aire acondicionado. Traigo una carta de recomendación de la Universidad Autónoma de Sinaloa en mano, así que me invitan a pasar al despacho del alcalde. Antes de entrar, el secretario de la presidencia, bromista, les dice a quienes están alrededor nuestro: “Sí, ella ya lleva un rato aquí. Nos andaba observando de lejos”. Ya cuando me invita a sentarme en su despacho, el presidente me lanza la pregunta: “Entonces, ¿eres una periodista francesa?”. Rectifico —soy antropóloga— y luego platicamos rápidamente: yo le cuento lo que me interesa para mi tesis, a lo cual el presidente electo contesta presentándome su programa municipal. Cuando le hago saber que me gustaría quedarme un tiempo en el municipio, me contesta: “¿Quieres ir a La Tuna? Con nosotros no hay ningún problema. De hecho, su mamá vino a mi toma de posesión [en diciembre de 2013], hasta me regaló una canasta de panecitos. Claro, la señora vino sin escoltas por obvias razones, nadie le iba a hacer nada. Y creo que también estuvo ahí la esposa de Rafael Caro Quintero. […] Un helicóptero del Ejército va a tomar fotos aéreas [del municipio]. Si las necesitas, te las podemos pasar. Y si necesitas cualquier otra cosa, pues aquí estamos”.

 

Como si mi petición escondiera otra, el alcalde me contesta directamente evocando el lugar en el que nació el Chapo. Badiraguato, Sinaloa, tiene una cabecera municipal —donde transcurre esta entrevista— y un extenso territorio serrano salpicado de gran cantidad de ranchos y caseríos. Con unas sesenta casas, La Tuna es uno de ellos. Como casi todas las demás rancherías del municipio, a La Tuna no se puede entrar más que por terracerías en mal estado, que a menudo surcan grupos armados. La ranchería no tiene señal telefónica. Gran parte de sus pobladores viven del único medio de subsistencia disponible: la producción de amapola. Por lo tanto, en muchísimas aristas La Tuna no tiene nada excepcional; una ranchería más del municipio. Que el alcalde la mencione de inmediato remite a otro asunto: en mitad del rancho una casona, amplia y lujosa, domina los techos de lámina de las casas vecinas. La Tuna refiere a Joaquín Guzmán Loera, sobra decirlo. Aquél cuya “mamá estuvo ahí” el día en que el nuevo alcalde celebraba su toma de posesión. Ella le regaló inclusive unos panecitos. Esa canasta de panes, que muy pronto mencionó el alcalde, parece tener cierta importancia. El alcalde, por lo demás, insiste en tomarme por periodista.

¿Hace falta volver a decir que al Chapo lo acusó la DEA de dirigir esa vasta organización criminal llamada Cártel de Sinaloa, que lo detuvieron por primera vez en Guatemala en 1993, que tuvo dos fugas espectaculares de cárceles de alta seguridad en 2001 y luego en 2015 —por un túnel de kilómetro y medio— y que, después de detenerlo, en 2016 lo extraditaron y condenaron en 2018 a la pena máxima en un juicio en Nueva York? Quizá sí se deba repetir, porque ahora el capturado de espectáculo fue su hijo Ovidio y el del glamoroso juicio en Nueva York es el exsecretario de Seguridad Genaro García Luna. El Chapo, entonces, héroe de las series de Netlix —a cuyos productores les reclama en vano derechos de autor—, suplantó en su momento a sus aliados y predecesores en términos de reputación. Hay, claro, otras ilustres figuras del tráfico de drogas de los años ochenta también oriundas del municipio de Badiraguato: Ernesto Fonseca (don Neto), los hermanos Beltrán Leyva, Juan José Esparragoza (el Azul) y, sobre todo, Rafael Caro Quintero. Presunto fundador del Cártel de Guadalajara y acusado del asesinato del agente de la DEA Enrique Kiki Camarena, a Caro Quintero lo detuvieron en 1985 y lo soltaron por un error procedimental en 2013. El esposo de aquella señora que también estuvo presente en la toma de posesión del nuevo alcalde estaba prófugo en aquel entonces y ha vuelto a pisar la cárcel desde el 15 de julio de 2022.

De modo que el municipio que vio nacer a todos ellos queda asociado sin remedio a sus resonantes nombres, apellidos u apodos. La prensa nacional e internacional suele hablar del lugar como “la cuna del narcotráfico” o “el feudo del Cártel de Sinaloa”.

Ilustración: Adrián Pérez

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Publicado en: 2023 Marzo, Ensayo