Del mismo modo en que a fines del medievo una hermandad religiosa escogió al halcón para que simbolizara al Espíritu Santo, el halcón fue elegido también como ave simbólica de ciertas cofradías y gremios de obreros techadores. ¿No encontraban aquellos obreros el halcón cernícalo en las techumbres en atalaya de las torres, y no encontraban su nidada en las armazones de las catedrales? Y luego, ¿acaso la propia actitud del halcón en el momento de alzar el vuelo no reproduce exactamente la forma del martillo de los techadores? Lo cual explica que en los muros del castillo de Montsoreau, en Anjou, encontremos grabadas una junto a otra la herramienta cotidiana del techador y la noble ave (siglo XV).
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