Calendarios de pared

En mi niñez había un tipo especial de calendarios de pared que rememoro cada año en los meses de invierno. Los recuerdo tal como uno recuerda los abetos navideños y las abuelas, los libros ilustrados y los caramelos, o a todas aquellas personas y cosas que tenían luz, dulzura y calidez, y parecían sumergidas en una tumba de cristal, aún visibles pero ya muertas: reliquias de la santa infancia. Aquellos calendarios de pared consistían en un gran fajo de días nuevos, radiantes y negros y rojos, sobre los que se extendía —como si se tratara de un telón— una lámina colorida que mostraba ya fuera una rama llena de cerezas rojas o un manojo de violetas; en cualquier caso, mostraba siempre una promesa floreciente para el nuevo año todavía por abrir.

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Publicado en: 2022 Junio, Cabos sueltos