En la Cruzada de los niños hay todo lo que podía inspirar a Marcel Schwob: lo sobrenatural, la inocencia, la crueldad. De hecho, todo el episodio, los niños cantando, rezando, yendo a los Santos Lugares armados sólo de cruces, parece sacado de la literatura.
En mayo de 1212, Etiènne, un pequeño pastor del pueblo de Cloyes, cerca de Chartres, anunció a sus vecinos que se le había aparecido Nuestro Señor bajo la forma de un peregrino indigente, y le había dado una carta dirigida al rey de Francia para pedirle que convocase a una nueva cruzada. Llamó a quienes quisieran ir con él y pronto fueron 30 000 niños los que estaban en el camino, rumbo a Saint-Denis.
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