Hoy no es raro escuchar el clamor por que se derriben estatuas de figuras históricas o por que se anatemicen libros o por que se “cancelen” personajes de la política, la ciencia o la cultura. Son demandas que reflejan cambios históricos —la incorporación plena de una ciudadanía afroamericana a la vida política en Estados Unidos, por ejemplo, o de las voces femeninas en la literatura, etcétera. La revisión de la historia responde a las nuevas conquistas de la historia. Y, sin embargo, una solución de los tiempos actuales —la de la llamada “cancelación”— tiene sus propios riesgos, que resumiría en una idea: el imperialismo del presente.
La propuesta fallida de sustituir la estatua de Cristóbal Colón que estuvo en el Paseo de la Reforma es un ejemplo de esto, porque se quiso sustituir a un personaje histórico —cuyo papel en nuestra conciencia colectiva está siendo cuestionada debido a la ciudadanización de lo que hasta hace poco fue un estamento indígena— con una estatua dedicada a una categoría abstracta, la mujer primigenia, a la cual se le quiso dar la individualidad que va de suyo en una estatua figurativa.
Este artículo está disponible sólo para suscriptores
Si ya tienes una suscripción puedes iniciar sesión aquí.
Suscríbete
Suscripción plus
(impresa y digital)
1 año por $ 799 MXN
Entrega de la edición impresa*
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
*Para envíos internacionales aplica un cargo extra, la tarifa se actualizará al seleccionar la dirección de envío
Suscripción digital
1 año por $ 399 MXN
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
¿Eres suscriptor de la revista y aún no tienes tu nuevo registro?
Para obtenerlo, sólo tienes que validar tus datos o escribe a soporte@nexos.com.mx.