Si mis cuentas no fallan, puedo decir que a lo largo de 34 años he vivido en 16 lugares distintos, 2.1 por año, si los promedio, sin ir nunca más allá del Distrito Federal. Tres de estos lugares fueron casas; el resto, departamentos. Nueve de ellos en la colonia Condesa, dos en Mixcoac, uno en Churubusco y uno en la colonia Anáhuac que significó, además, la noche negra en que la familia ingresó a las filas del proletariado. Este nomadismo urbano me vuelve, al menos, un hábil, experto mudancero.
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