A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

Imagine por un momento que usted es un empresario y necesita mucha energía para su fabrica. ¿Cómo la puede obtener? Actualmente hay dos formas principales. Por un lado, usted puede conectarse a la red de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y recibir la energía. Si usted es un consumidor importante y consume un megawatt o más —y si el gobierno respeta la ley—, usted podría comprarla a la  CFE o a otro suministrador. Pero, por otro lado, usted mismo también puede generar la energía que necesita o buscar alguien que genere esa energía junto a su fábrica y se la entregue.

Ilustración: Víctor Solís

¿A quién preferirá como proveedor? Obviamente a quien le entregue la energía como la necesita y al costo más bajo posible.

Para eso hay modelos que existen en la ley desde 1992 o antes —entre ellos: usos propios continuos y cogeneración— pero también hay otros modelos producto de la reforma de 2013 de y la Ley de la Industria Eléctrica —como generación local y abasto aislado interconectado— que construyen su propia central al lado de la nave industrial y suministran energía eléctrica usando líneas de transmisión propias, pero al mismo tiempo se mantienen interconectados con la red de CFE para efectos de seguridad o, en algunos casos, de vender sus excedentes al mercado eléctrico.

Hay un tipo de generador que es un poco más complejo pero hace básicamente lo mismo: las centrales de cogeneración. Este tipo de centrales usa gas para generar electricidad con una turbina. El calor que producen es un producto secundario y lo usan para calentar agua y producir vapor que luego entregan a alguna otra empresa que lo requiere. La energía que generan estos privados no pasa por el Sistema Eléctrico Nacional: no la despacha el Centro Nacional de Control de Energía ni usa transmisión ni distribución estatal. Por lo tanto, no pagan esos servicios o pagan lo necesario sólo para mantenerse conectados.

Hay que recalcar que toda central de más de quinientos kilovatios de capacidad de generación —como es el caso de este tipo de centrales— requiere de un permiso. También vale la pena señalar que, desde hace más de un año, la Comisión Reguladora de Energía (CRE) ha obstaculizado o negado este tipo de permisos, sin fundamento legal. Pero, además, la reforma eléctrica del presidente Andres Manuél López Obrador “cancela” el permiso de generación de todas las centrales, sin excepción, incluyendo este tipo de modelos, con lo que no tendrán la base jurídica para poder operar. La iniciativa también cierra la posibilidad de que algunas centrales sigan operando porque las considera ilegales, aún cuando no hay una sola sentencia del poder judicial que así lo diga.

¿Cómo operarían estos tipos de centrales si se aprueba la reforma? A diferencia de como sucede ahora, cuando estas centrales generan al lado de la empresa consumidora y le entregan energía, ahora tendrán que ir a negociar en lo oscurito con el director de la CFE para ser de esos “afortunados” que entregan energía al sistema. Sólo así podrán conectarse al Sistema Eléctrico Nacional para entregar energía a la red para que esa misma red le entregue la energía al que era su cliente, con cargos adicionales por transmisión y distribución que en realidad no necesitan usar.

Si estamos hablando de una planta que produce no sólo electricidad sino también calor y vapor —como es el caso de las centrales de cogeneración—  y la central en cuestión no llega a un acuerdo con el director de la CFE, la planta tendrá un problema serio: al no lograr que su energía se despache, no tendrá la forma de generar el calor que después vende en forma de vapor a su cliente. Entonces el cliente tendrá una dificultad doble: primero, pagará por conceptos que no usa (transmisión, distribución y suministro eléctrico) y, segundo, tendrá que gastar más en lograr el suministro de vapor, que ya no será un producto secundario y por tanto se encarecerá.

Si usted busca menciones a este tipo de modelos en la iniciativa de reforma que presentó el presidente el 30 de septiembre pasado, nada encontrará. La Reforma Bartlett no considera, revisa, analiza o siquiera menciona los modelos de generación derivados de la reforma de 2013, pero si los “cancela”. ¿Por qué? Porque todas las formas de generación le quitan mercado a la CFE, que es menos eficiente y por lo tanto más cara. Y esta reforma no se trata de ampliar opciones para beneficiar al consumidor, sino que busca regresarle el monopolio a la CFE para “fortalecerla”, aunque de forma simulada.

La reforma tampoco analiza o menciona al mercado eléctrico que paga los costos totales de transmisión y distribución; que paga por el uso de redes saturadas; que hace aportaciones al sistema para interconectarse; que hace aportaciones para la electrificación total y que, a pesar de todo esto, ofrece energía a costo más bajo que la CFE y que, además, está en un marco jurídico vigente, creado en 2014, y que es lo que sí se puede seguir desarrollando. Eso no lo revisa, pero lo destruye. No vaya a ser que el consumidor encuentre una forma de ser más eficiente y Bartlett pierda poder.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.