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CUADERNO NEXOS

Sonora: Las urnas están tristes

Poco han interesado a la prensa, y menos a los ciudadanos, las campañas para las elecciones federales en Sonora. Como siempre, el interés se centra en las candidaturas locales. La composición de las cámaras, tanto de diputados como de senadores, está lejos de la vida cotidiana, los intereses y – sobre todo- la efectividad del voto de los ciudadanos.

La contienda electoral se centra en las elecciones para presidente municipal. Y entre estas, en las zonas urbanas. La principal oposición en el estado, el panismo, presentó candidatos sólo en la mitad de los 70 municipios sonorenses. Parece poco, pero haciendo las cuentas de otro modo, esos 35 municipios con presencia panista abarcan alrededor del 95% de la población. Una por una, en casi todas las localidades urbanas el PRI pasara problemas. Empezando por la capital.

En Hermosillo, el diputado federal con licencia, Francisco Pavlovich Robles, ganó la candidatura panista. En las elecciones internas de su partido dejó atrás a quien según los observadores locales era la carta fuerte del panismo sonorense, Ramón Corral Avila (ex vicepresidente de la COPARMEX y bisnieto del vicepresidente homónimo). Con la eliminación de Corral, Pavlovich y José Luis Estrada, representante del casimirismo, pasaron a una segunda vuelta. Pavlovich ganó con 381 votos contra 380 de Estrada.

El casimirismo es un curioso fenómeno de panismo populachero, de colonia sin pavimento, articulado por el carismático liderazgo de Casimiro Navarro, ex presidente municipal de Hermosillo y hoy con licencia del partido por dos años debido a su enfrentamiento con el Comité Directivo Estatal. Pavlovichistas y casimiristas se distinguían en la convención del PAN «como dos tribus que difieren hasta en los olores». Los primeros, de las clases medias, corresponden al estereotipo panista. Los segundos son sectores populares que se supondrían clientela del PRI o de la izquierda, pero que ahí están con beligerancia blanquiazul.

Si las dos tribus se unen, como parece que sucederá, el PRI en Hermosillo se verá en problemas, aun cuando haya presentado un candidato con buena imagen, el empresario (ex dirigente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Sonora y actual gerente de la empresa Pepsicola) Guatimoc Iberri. Por lo pronto se auguran unas elecciones competidas, tanto por la tradición panista en Hermosillo como por el dinamismo de las campañas de Pavlovich e Iberri.

La excepción que confirma la regla del desinterés por las elecciones federales es el distrito federal II. Cosas del gerry-mandering (o ingeniería electoral), de los 25 distritos electorales en que se divide Sonora (18 locales y 7 federales) sólo hay uno totalmente urbano: el II federal, que abarca el norte de la ciudad de Hermosillo. Todos los demás son mixtos, en un estado de población predominantemente urbana.

No sorprende a nadie entonces que la oposición panista haya ganado este distrito en las dos últimas elecciones (1985 y 1988), mientras que en todos los demás, federales o locales, se haya impuesto el carro completo y el «de todas, todas» priísta. No sorprende tampoco que en él estén puestos los ojos de prensa y ciudadanos. Fue el único distrito donde el PRI anunció que se haría elección interna del candidato, aunque al final quedó Ovidio Pereyra como candidato de Unidad. El PAN tampoco realizó elecciones, y el Comité Ejecutivo Nacional designó como candidata a Lourdes Quiroz Almada, representante de las clases medias altas hermosillenses, editorialista del influyente diario El Imparcial y cercana al equipo de Francisco Pavlovich.

Además de la capital, destacan los casos de Guaymas, Empalme, Agua Prieta, San Luis Río Colorado y Puerto Pelasgos. En Guaymas se conjuga la presencia del alcalde más impopular del estado – Florentino López Tapia, líder de las cooperativas pesqueras- con la beligerante campaña que ha emprendido el candidato del PAN, el empresario José Ramón Uribe Maytorena. Mientras el alcalde priísta unificó a la mayoría de la población en su contra, Uribe Maytorena ha realizado la campaña más vistosa y dinámica de la entidad, si excluimos la del candidato priísta a la gubernatura. Se comenta que por cada peso que el candidato panista a gobernador gasta en su campaña, Uribe gasta veinte.

Todas las ciudades fronterizas serán difíciles para el PRI. San Luis Río Colorado (en el límite con Baja California) y Agua Prieta (en el lindero con Chihuahua) son bastiones del PAN. La oposición panista ha presentado buenos candidatos. Lo mismo sucede en Nogales y Puerto Peñasco. En Agua Prieta el PRI presentó un candidato que recibió el rechazo al interior de su propio partido, con lo que se configura un esquema típico: un priísmo dividido que enfrenta a una oposición fuerte, produce el triunfo opositor.

Las ciudades del sur del estado – Empalme, Ciudad Obregón y Navojoa- no presentan la misma efervescencia opositora, pero tampoco serán fáciles para el PRI. A pesar del desánimo electoral que viven los sonorenses, el partido del Estado tendrá que aplicarse en sus campañas municipales – y seguramente no sólo en las campañas- si no quiere llevarse sorpresas en las zonas de competencia electoral: las urbanas. 

Víctor Manuel Reynoso. Investigador de El Colegio de Sonora.