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Con frecuencia reflexiono acerca de las ventajas o desventajas del incremento en la longevidad. Realidad inevitable, al hablar de vejez y “felicidad”, es la condición económica: sin dinero suficiente para resolver el día los mayores de edad perviven mal. Ser viejo, pobre y enfermo es una suerte de pandemonio tanto para la persona como para sus allegados, sin obviar el maltrato al cual son sometidos (en las clases adineradas los viejos también son humillados y objeto de abuso). Para los segmentos con posibilidades económicas la vejez puede significar dignidad, alegrías, deseos y productividad, aunque, nuevamente, es imposible soslayar que en algunas naciones ricas el suicidio es “frecuente”; la depresión por abandono, soledad o debida a la pérdida del núcleo familiar suele ser condición subyacente.

Ilustración: Izak Peón

Regreso a las primeras palabras de este artículo: hay una relación directamente proporcional entre vejez y presencia de dolor crónico; esto es, dolor físico permanente y prolongado, en ocasiones por años. Al lado de grandes bonanzas como vacunas, antibióticos o inmunoterapia, la medicina paliativa —disciplina encargada de aliviar el sufrimiento, brindar una mejor calidad de vida y eliminar o disminuir el dolor— es la mejor opción para confrontar el brete. Lamentablemente, o no son suficientes las clínicas o no se distribuyen a toda la población, sobre todo en países expoliados ad nauseam por políticos rapaces, México como ejemplo. Vejez y dolor crónico conforman un binomio común.

El dolor crónico rebasa las fracturas del cuerpo y las quejas del alma. Sus garras van más allá. Sus límites, con frecuencia imposibles de trazar, son materia social, económica, médica, familiar y personal. Filosofía y modo de vivirjuegan papeles cruciales. Francisco González Crussí, en el prólogo de Dolor de uno, dolor de todos de mi autoría (Debate, 2015), escribe: “(…) el dolor nos ofrece una mirada de uno de los rasgos más angustiosos de la condición humana: que somos seres aislados; que estamos solos, separados unos de otros. La ‘simpatía’, en el sentido prístino de la palabra (del griego syn + patheia, sentir con: sentir lo mismo que la otra persona), es imposible. Extendemos la mano; tratamos de contactar al otro, y hay momentos fugaces de la vida en que tenemos la ilusión de haber logrado ese contacto. Pero la intransferibilidad del dolor nos recuerda la impenetrabilidad de la barrera que separa, cual invisible coraza, al ser humano de su prójimo. No se puede sufrir con el que sufre. Dice un filósofo contemporáneo, ‘se puede sufrir al lado de él, pero con un dolor diferente’, no con el mismo dolor. El dolor no es compartible” (el filósofo es Ophir Levy).

¿Es veraz dicha aseveración? En un mundo yermo de empatía y simpatía, en donde el otro es objeto de maltrato, sobre todo si es viejo y pobre, sufrir con él y ayudar es infrecuente. Colocarse al lado de él es el reto; comparto una pregunta: ¿tendemos a colocarnos donde es necesario? Ni la empatía ni la simpatía ni el valor de la resiliencia se enseñan. Dichas cualidades se aprenden en casa o en el entorno primigenio, i. e.:la escuela primaria, las calles de la infancia. En el mundo rápido no hay cabida para esos espacios. De ahí la dificultad de entender a los viejos con dolores crónicos. De ahí la estigmatización y la agresión contra las personas mayores de edad, fracturas cuyas dimensiones se amplifican en las sociedades actuales, pobres y ricas, cuyo interés y capacidad para lidiar con dolores crónicos en viejos es mínima.

Tratar dolores crónicos requiere equipos multidisciplinarios; en países depauperados dicha atención es escasa. Por desgracia, en este mundo rápido y líquido, acompañar a los viejos es poco frecuente.

 

Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.

 

2 comentarios en “Vejez y dolor crónico

  1. Saludos cordiales Dr…
    Te duele tu dolor?…Dónde te duele, tu dolor?
    Frases que oído en mis más de ,30 años de práctica médica, se que es el dolor, lo conozco personalmente, lo he sentido en todas sus variantes, dolores físicos, emocionales, y generales.
    Siempre que alguien me dice que tiene dolores le creo… cosa que muchos medicod no lo valoran.
    El dolor está presente en el devenir del médico, y una persona al ir envejeciendo sus dolores aumentan..
    Me preguntó porque los hombres no lo entendemos..? La respuesta es que no queremos sentirlo.
    Y los alejamos. La vejez para su servidor es un dolor que va creciendo conforme vs uno teniendo más y más edad, en esta sociedad en dónde el ser viejo es estar enfermo o inútil. Los servicios médicos y todo tipo no existen condiciones de atención y ser viejo es sinónimo de dolor…. desgraciadamente y tristeza…x que no luchar por una eutanasia humana digna y solidaria.
    Se que cómo médico estoy faltando a mi profesión..pero… ante todo soy humano siento y vivo.. estos dolores del alma.
    Le agradezco Dr este tipo de reflexióned.
    Los jóvenes piensan que nunca llegarán a viejos,,..cómo te ves me ví… cómo me ves me verás! Sabía frase.,,,!

  2. Lenin,
    gracias, como siempre gracias por tu compañía y por el comentario. No hay respuestas al fenómeno de la vejez -no quiero hablar del mal de la vejez-, y no hay solución porque uno, quizás el más importante de los proyectos médicos ha sido incrementar la esperanza de vida. Eso ha hecho la ciencia. Lo que no hemos hecho ni sociedad ni políticos es ofrecer calidad de vida en la vejez.
    Abrazos.
    Arnoldo

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