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Es sabido que la guerra de independencia tuvo un enorme costo para la economía mexicana. Coatsworth1 estima que llegó a costar hasta un 21 % en términos per cápita; para Salvucci y Salvucci2 fue peor, calculan una contracción de 50 % en su tamaño. A pesar de que la mayor parte de la destrucción fue causada por cañones y bayonetas, una parte menor fue el efecto de otra guerra, la que las poblaciones de México libraban, simultáneamente, contra la fiebre amarilla, la viruela, el tifus y el cólera.

Las enfermedades infecciosas siempre han tenido un papel protagónico en la historia de las civilizaciones. Su historia es la historia de nuestras transiciones demográficas, de nuestro progreso, entendido como la capacidad que hemos tenido para extender nuestras vidas. Aunque el costo demográfico de tales enfermedades en el México independiente no fue especialmente devastador para todo el país, su impacto no pasó desapercibido en la agonizante Nueva España.

Ilustración: Víctor Solís

Los sitios de Cuautla o Acapulco (en Acapulco el 98 % de los soldados realistas fallecieron o enfermaron y sólo 2 % estuvo en condiciones de defenderla)3 y, en general, las campañas de Morelos en 1812 y 1813 no se podrían explicar sin el tifus. Pocos meses después de que en Europa el tifus destruyera a la Grande Armée,4 en Cuautla la misma enfermedad casi destruyó por completo a las tropas insurgentes y realistas. Esta enfermedad causada por la bacteria Rickettsia typhi y transmitida por las pulgas es un viejo enemigo de los ejércitos, ya que la falta de higiene y de alimentos, característicos de un sitio prolongado, son tierra fértil para su propagación. En Ciudad de México, según nos cuenta Viesca Treviño,5 esta enfermedad causó la muerte de más del 10 % de sus habitantes en unos meses.

Pero las consecuencias de estas enfermedades no sólo son militares. La guerra de independencia y sus plagas obligaron tanto a insurgentes como a realistas a tomar medidas de salud pública, construir hospitales, crear o subir impuestos para financiarlos, cerrar puertos y hacer cuarentenas a navíos y sus tripulaciones. Los efectos se extendieron por toda la economía novohispana, con particular virulencia en la minería,6 la actividad económica más importante en ese momento.

En lo económico, aunque es difícil atribuir impactos de forma precisa, es posible imaginar qué pudo pasar. Las ciudades de Guanajuato y el puerto de Veracruz lo ejemplifican mejor. Guanajuato al comienzo del siglo XIX era la tercera ciudad más poblada, con más de 60 000 habitantes; y en cuanto a densidad era la mayor: sus alrededores albergaban cuarenta minas y veinticinco haciendas de beneficio para refinar los minerales. Antes del comienzo de la guerra de independencia esas minas producían más de 5 millones de pesos al año. Durante la primera década posterior a la Independencia, sólo 1 millón. Al ser en esa época una actividad intensiva en trabajo, es fácil ver cómo la industria de la minería fue colapsando. Para 1820 la población era de menos de la mitad; las epidemias que hubo después de la independencia —en especial el sarampión, la viruela y el cólera asiático— la diezmaron, contribuyeron a su estancamiento e hicieron que las minas no tuvieran suficientes trabajadores hasta la década de 1850.7

En Veracruz las enfermedades infecciosas también tuvieron un impacto económico. El puerto era famoso por su insalubridad; por ejemplo, eran frecuentes los brotes de fiebre amarilla. El calor, la altitud y la humedad lo hacían un lugar fértil para el mosquito Aedes aegypti, un vector transmisor. Veracruz, estaba bien integrado a la economía del Atlántico con frecuentes intercambios con puertos europeos —Cádiz, Londres y Burdeos— y con otros importantes en el continente americano —Boston, Nueva Orleans, Nueva York, Filadelfia y La Habana—, así como con diversos puertos nacionales en el golfo de México. Los puertos siempre han sido puntos de entrada de enfermedades infecciosas, focos de contacto donde las enfermedades del mundo pueden encontrarse. En este caso, la presencia de la fiebre amarilla fue una causa de interrupciones comerciales: las soluciones que se planteaban incluían la cuarentena de la ciudad —y con ello, la parálisis económica— y poner en cuarentena los barcos que llegaran del exterior, frenando así el comercio.

Los años 1813-1814 coinciden con una caída de 130 % en las exportaciones mexicanas.8 Gran parte del efecto podría deberse al colapso de la producción de plata y a las disrupciones comerciales9 en el puerto de Veracruz. El puerto continuaría siendo un punto focal de infecciones, en especial de cólera, fiebre amarilla y viruela. La poca higiene y sus hospitales descuidados lo harían un lugar infame que aparecía en diversas publicaciones internacionales como un destino de temer hasta bien entrado el siglo XIX.10

Un común denominador de las epidemias en los tiempos de la Independencia fue la falta de una legislación adecuada. La Constitución de Cádiz de 1812 creó algunas responsabilidades en materia de salud para los consejos municipales. Su deber era crear juntas sanitarias, pero los disturbios de la Independencia y el rechazo a las ideas liberales de la Constitución de 1812 complicaban la tarea. Aunque virreyes como Calleja intentaron tomar medidas para contener las epidemias —giró, por ejemplo, cartillas con instrucciones contra las distintas enfermedades—, rara vez eran adecuadas o suficientes. En el caso de Guanajuato, los comités o juntas sanitarias no se crearon hasta 1820, cuando Fernando VII fue obligado a reproclamar la Constitución de 1812.

No es la mortalidad el aspecto más notorio de las epidemias en las horas finales del virreinato y el nacimiento del México independiente. En el periodo de 1803 a 1813, México fue parte de la primera campaña verdaderamente global de vacunación. Por órdenes del rey Carlos IV, una comitiva que buscaba llevar la vacuna de Jenner contra la viruela salió de España con destino a Puerto Rico, Venezuela, Cuba, México, Perú, Argentina, Filipinas y China. La expedición era encabezada por el doctor Francisco Xavier de Balmis y su objetivo era proteger a las economías de los territorios del Imperio español de la viruela.

Los retos logísticos de la campaña de Balmis fueron enormes.11 La vacuna debía llevarse viva de brazo en brazo en una expedición transatlántica y transpacífica y, de igual forma, al interior de cada territorio hasta encontrar fuentes locales de viruela para la producción de la vacuna. Al llegar a México, la técnica de Jenner se distribuyó por todo el territorio desde Texas hasta Guatemala. Se inmunizó a cerca de 100 000 personas. De México, en 1805, zarparía la expedición hacia Filipinas con veintiséis niños que fueron alquilados a sus familias para mantener la cadena de vacunación viva de brazo en brazo. Balmis regresaría a México en 1810 y atestiguaría las primeras batallas de la guerra de independencia.

Consumada la Independencia, con un Estado pobre, lleno de conflictos políticos internos, sin una noción verdadera de país, las enfermedades continuaron haciendo de las suyas. En 1830 la viruela mató al 8 % de la población de Ciudad de México y al 7 % de la de Guadalajara.12 El cólera en 1833 mataría al 5 % de la población de Ciudad de México.13 En Sonora —en Guaymas y Álamos—, el cólera mataría un tercio de los habitantes.14 Las constantes guerras y hambrunas dejaron a todos vulnerables en un país que no terminaba de nacer.

Al ver los últimos doscientos años seguimos sin producir un Estado verdaderamente sólido que sea capaz de responder como quisiéramos ante la amenaza siempre permanente de las enfermedades infecciosas. Hoy, como en el pasado, tener recursos y adoptar buenas políticas de salud pública son la diferencia. Cada país vive las epidemias de forma diferente de acuerdo con sus capacidades. El siglo XIX mexicano estuvo desbordado por mortandad, guerras, hambrunas, enfermedades. Todos los jinetes galopaban libres. Fue la construcción de un Estado moderno en el siglo XX lo que logró, al mismo tiempo, pacificarnos y conducirnos a vidas más largas y saludables. Mientras conmemoramos dos siglos de nuestra independencia en medio de una pandemia y con todos los problemas de nuestra sociedad y las debilidades crónicas de nuestro Estado, quizá podamos hacer un espacio para recordar que en el siglo XXI aún tenemos los mismos problemas por resolver.

 

Diego Castañeda
Candidato a doctor en Historia Económica por la Universidad de Uppsala


1 Coatsworth, J. “The Decline of the Mexican Economy, 1800-1860”, en Liehr, R. (ed.), América Latina en la época de Simón Bolívar. La formación de las economías nacionales y los intereses económicos europeos, 1800–1850, 1989, pp. 38.

2 Salvucci, R. J., y Salvucci, L. K. “Las consecuencias económicas de la independencia mexicana”, en Prados de la Escosura, L. y Amaral, S. (eds.), La independencia americana: Consecuencias económicas, Alianza, España, 1993, pp. 31-53.

3 “Relación del general José María Giral de Crame, de los padecimientos de los moradores de la fortaleza de Acapulco durante el sitio.— 24 de febrero de 1814”, en Hernández y Dávalos, J. Colección de documentos para la historia de la guerra de Independencia de México de 1808 a 1821. Tomo VI, UNAM, 2008.

4 Dos terceras partes de los cerca de 600 000 soldados que se preparaban para invadir Rusia estaban muertos o fuera de combate por distintas enfermedades, principalmente el tifus, dos meses antes de que se registrara un solo combate.

5 Viesca-Treviño, C. “Epidemias y enfermedades en tiempos de la independencia”, Revista Médica del Instituto Mexicano del Seguro Social, vol. 48, núm. 1, 2010, pp. 47-54.

6 Tucker Thompson, A. “Mexico’s Other Wars: Epidemics, Disease and Public Health in Guanajuato, Mexico, 1810-1867”, Annales de Démographie Historique, 1996, pp. 169-194.

7 Rankine, M. “The Mexican Mining Industry in the Nineteenth Century with Special Reference to Guanajuato”, Bulletin of Latin American Research, vol. 11, núm. 1, 1992, pp. 29-48.

8 Federico, G., y Tena Junguito, A. “World Trade, 1800-1938: A New Data-Set”, EHES Working Papers in Economic History, núm. 93, 2016.

9 De 1808 a 1823 las exportaciones mexicanas decrecen continuamente, quizá la mejor explicación es la combinación de los efectos de las guerras napoleónicas y su intensificación comercial tras la introducción del sistema continental, las propias disrupciones de la guerra de independencia y las enfermedades, especialmente, en los puertos.

10 Gaitors, B. D. J. “Commerce, conflict, and contamination: yellow fever in early-independence Veracruz in the US imaginary, 1821-1848”, História, Ciências, Saúde, vol. 25, núm. 3, 2018, pp. 779-795.

11 Fernández del Castillo, F. “Don Francisco Xavier de Balmis y los resultados de la expedición vacunal en América”, Bol. Soc. Mex. Hist. Fil. Med., vol. 2, núm. 9, 1974, pp. 67-72.

12 Oliver Sánchez, L. V. “La epidemia de viruela de 1830 en Guadalajara”, Relaciones. Estudios de historia y sociedad, vol. 29, núm. 114, 2008, pp. 77-99.

13 Velasco, M. “La epidemia de cólera de 1833 y la mortalidad en la Ciudad de México”, Estudios Demográficos y Urbanos, vol. 7, núm. 1, 1992, pp. 95-135.

14 Voss, S. F. On the Periphery of Nineteenth-Century México: Sonora and Sinaloa, 1810-1877, University of Arizona Press, Estados Unidos, 1982.

 

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