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Para los grandes acontecimientos”, escribía Lao Tse en el Tao Te King, “el sitio de honor es la izquierda”. Lástima que ni aquí ni en China el mundo hiciera suya esta máxima, sino para abrirle las puertas de par en par al diez por ciento de la humanidad que es zurda, al menos para facilitar que ésta pueda hacerlo por su cuenta con su mano preferida.

Ilustración: Oldemar González

Salvo que un zurdo tuviese la suerte de ser contemporáneo y coetáneo del filósofo chino, lo más probable es que su predilección por la izquierda fuese vista con recelo por los diestros. Y si esperaban que las religiones les echaran una mano, podían estar seguros de que no sería la izquierda… No, al menos de parte de Alá, quien al tener dos manos derechas y ninguna izquierda, es más bidiestro que ambidiestro; todo esto de acuerdo con Abu Ya’far Muhammad ibn Jarir al-Tabari, historiador medieval persa y experto en anatomía divina.

Una intervención más a la mano en el reino de este mundo —que esperar hasta el Día del Juicio a que Dios condene a los malditos que están a su izquierda al fuego eterno (según san Mateo, 25:41)— fue atestiguada en 1906 por el antropólogo Dudley Kidd entre los zulúes, donde el único propósito de la mano condenada es servir de pala recolectora de desechos humanos: un niño zulú zurdo se sometía a una terapia de reconversión manual, que consiste en meter la siniestra extremidad en un hoyo en la tierra relleno de agua hirviendo. Escaldado en toda la extensión de la palabra —y de la mano—, al pobre infante no le quedaba más que hacerse diestro (al menos mientras sanaba).

Por el lado de la ciencia —a veces seudo, a veces tan sólo mala— de investigadores como Cesare Lombroso, quien no siempre era muy diestro para apoyar con evidencia sólida supuestas relaciones casuísticas, tenemos hipótesis sobre la zurdera algo maniqueas. Lombroso aseveraba, por ejemplo, que entre los criminales predominaban quienes tenían predilección por cometer sus fechorías con la mano izquierda1 (ésta es la parte de mala ciencia). Ser zurdo, según el padre de la criminología, era evidencia de que el cerebro de la persona en cuestión sufría una regresión biológica similar a la de los primates no humanos y a la de los “salvajes” (y ésta es la parte seudocientífica).

En el otro extremo, en especial cerca del Día Internacional de la Zurdera (13 de agosto), una mayor habilidad de usar las extremidades izquierdas —sean manos o pies— es señalada como un don especial que viene acompañado de una mayor inteligencia, de una mayor creatividad o, ¿por qué no?, de ambas cualidades que distinguen a, digamos, un Leonardo da Vinci, del resto del rebaño de derecha.2 Decenas de estudios señalan que no debemos apresurarnos a apretar la mano de los zurdos para felicitarlos por su inteligencia o creatividad superiores, pues no hay ninguna diferencia apreciable entre ellos y los diestros.3

El uso preferente de una mano en vez de la otra es un reflejo de la lateralización de nuestro cerebro, es decir, la especialización de nuestros hemisferios cerebrales en distintas funciones. Ser zurdo es consecuencia de que el hemisferio que controla el movimiento de la mano izquierda —el opuesto, que es el derecho— domina sobre el izquierdo en lo que atañe a habilidad manual. Como hace algún tiempo se atribuía una mayor capacidad cognitiva a mayor lateralización (al evitar ésta la redundancia de funciones por ambos hemisferios), no faltó quien la etiquetara como exclusiva del Homo sapiens. Y como suele ocurrir cada que nos intentan apartar de los otros animales, en décadas recientes se han comprobado no sólo la presencia de lateralización cerebral, sino también la preferencia por izquierda o derecha en varias especies de aves, peces y mamíferos. Tenemos, por ejemplo, que guppys con fuerte inclinación hacia uno de sus lados son mejores a la hora de discriminar numéricamente (al determinar, digamos, dónde hay más larvas de mosquitos para comer) que quienes presentan una lateralización débil, lo que les da una ventaja adaptativa sobre éstos últimos.4

Dado que, a diferencia de los guppys discriminantes: 1) la minoría siniestra no sobresale por su creatividad o inteligencia; 2) que otros estudios asocian la zurdera con la sordera, además de con dislexia, esquizofrenia, enfermedades autoinmunes y hasta con menor aptitud de supervivencia5 (por, entre otras causas, usar herramientas y equipo de trabajo no diseñados para ellos, lo que aumenta la probabilidad de que se accidenten); y 3) que buena parte de la historia han sido estigmatizados, ¿por qué sigue habiendo zurdos? Desde una perspectiva evolutiva, esta característica tendría que haber ido de la mano de alguna ventaja que, desde tiempos prehistóricos (lo que sabemos por los restos de utensilios y herramientas paleolíticas) ha permitido el éxito reproductivo de los zurdos y la heredabilidad del rasgo (ya que tocamos el tema: ¿qué porcentaje de nuestra preferencia manual se debe a la genética sigue siendo debatible?, posiblemente debido a que influyen en ella, además de varios genes, la exposición prenatal a ciertos niveles de andrógenos maternos y otros factores aún no identificados6).

Hay un campo donde es evidente la sobrerrepresentación de los zurdos: el de los deportes, particularmente en los que hay interacción entre jugadores o contrincantes, como en el futbol y el boxeo. Sobre éste último, un estudio que abarcó a más de 13 000 boxeadores y luchadores de artes marciales mixtas profesionales encontró fuerte evidencia de que los zurdos tienen mayor éxito en sus peleas.7 Las hipótesis que intentan explicar esto son: a) que alguna característica asociada con la zurdera les brinda una ventaja; b) que los diestros están en desventaja por su inexperiencia al pelear (o, en otros deportes, interactuar) con zurdos (ya que éstos son minoría). La segunda se conoce también como la hipótesis del luchador, y la evidencia la favorece como una probable explicación de los niveles universalmente bajos, pero estables, de zurdos en el mundo, ya que pelear con otros hombres sería, incluso hoy, un componente clave durante la selección sexual, con el efecto secundario de ser un rasgo heredado por algunas mujeres.

Si ésta es en verdad la razón principal de la supervivencia de los zurdos, que haya además muchos más rasgos que influyen en la selección sexual ha evitado entonces a los diestros un destino siniestro.

 

Luis Javier Plata Rosas
Doctor en Oceanografía por la Universidad de Guadalajara. Sus más recientes libros son: La ciencia y los monstruos. Todo lo que la ciencia tiene para decir sobre zombis, vampiros, brujas y otros seres horripilantes y El océano tiene onda. Una obra de ciencia ficción.


1 Kushner, H. I. “Cesare Lombroso and the pathology of left-handedness”, The Lancet, 2011.

2 Aunque sigue encabezando las listas de zurdos ejemplares, y aunque nació siéndolo, Leonardo escribía con igual habilidad con una u otra mano. No obstante, estudios recientes indican que nunca pintó con la izquierda y que, tras quedar discapacitado de la mano derecha por una neuropatía, le fue imposible terminar La Mona Lisa, entre otros cuadros. Ver, por ejemplo, Lazzeri, D., y Rossi, C. “The right hand palsy of Leonardo da Vinci (1452-1519): new insights on the occasion of the 500th anniversary of his death, J. R. Soc. Med., 2019.

3 Ntolka, E., y Papadatou-Pastou, M. “Right-handers have negligibly higher IQ scores than left-handers: Systematic review and meta-analyses”, Neurosci. Biobehav. Rev., 2018. Sobre creatividad, ver: Badzakova-Trajkov, y otros. “Magical ideation, creativity, handedness, and cerebral asymmetries: A combined behavioural and fMRI study”, Neuropsychologia, 2011.

4 Dadda, M., y otros. “Laterality enhances numerical skills in the guppy”, Poecilia reticulata, Front. Behav. Neurosc., 2015.

5 Coren, S., y Halpern, D. F. “Left-handedness: A marker for decreased survival fitness”, Psychol. Bull., 1991.

6 Ooki, S. “An overview of human handedness in twins”, Front. Psychol.,2014.

7 Richardson, T., y Tucker-Gilman, R. “Left-handedness is associated with greater fighting success in humans”, Sci. Rep., 2019.