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De la palabra huracán, de los soplos de la palabra huracán, he leído que quiere decir una pierna. Y que en el maya quiché si se acompaña de Caculhá: Caculhá-Huracán quiere decir rayo de una pierna, o sea, el relámpago. Pero el solo vocablo racan alude también en el quiché a algo grande o largo. Quiere decir igualmente larga cosa, un cordel o una soga. Y también gigante, hu_racán; puede aplicarse a cualquier animal que en su especie es más alto que otros. (Estas ideas concuerdan con la figura del rayo y el relámpago como se dibujan en el cielo.) Se dice que los caribes en las Antillas adoptaron la palabra huracán para designar otro fenómeno natural, igualmente destructor, y la palabra se ha incorporado después a las lenguas modernas.

Ilustraciones: Kathia Recio

He leído huracán transcrito como Jun Raqan: una fuerza portentosa asociada a tormentas tropicales conocidas como huracanes. Alguien propuso que este término maya pasó a las Antillas y de ahí a las lenguas indoeuropeas.

He leído que en un principio fue Uk’ u’x Kaj: Corazón del Cielo; otras transcripciones son Jurakán y Uc ‘ux Caj. Y significan lo mismo: Corazón del Cielo.

He leído que Huracán Fucar se traduce como búho de una sola pierna (r’ akan).

He leído que entre los meteoros antillanos más inspiradores de miedo y deseo estaban los aéreos: las trombas, los tornados y sobre todo el huracán, o sea, el jurakán, como pronunciaban los indios de las Antillas.

He leído que huracanes llamaban estos mismos indios de las Antillas a las tempestades y tormentas. El diccionario de la Academia da esta voz como caribe; del taíno.

He leído que Furacán es palabra de los indios eyeri, o sea de los precaribes de las Indias de Sotavento; que los españoles aprendieron a decir Furacano y a escribirlo igual: furacano.

He leído con mayor interés todo lo que acerca al huracán con la serpiente.

He leído que los egipcios expresan en imágenes la creencia de que una gran serpiente contenía en sí misma, encerradas, las aguas.

He leído que numerosos mitos cosmogónicos de la Polinesia, según los cuales una serpiente surgió de las aguas y subió empujando hacia lo alto la bóveda celeste, fueron sugeridos por el recuerdo de las terribles trombas marinas y los tifones de aquella región del globo.

He leído que en la Grecia arcaica los espíritus de los vientos no eran de carácter celestial sino ctónico, porque se creía que su procedencia era de las cavernas, o de las entrañas de la tierra, como las serpientes o los manantiales.

He leído que los chinos creían que sus míticos y atmosféricos dragones de las tempestades salían de las entrañas de la tierra.

He leído que una imagen clásica de Higía, diosa grecorromana de la salud, lleva enroscada en espiral a su cuerpo una gran serpiente y en su cabeza tiene un ala de ave; pudiera calificarse de “serpiente emplumada”.

He leído que Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, era también entre los aztecas el dios del huracán.

He leído que entre los mayas Kukulkán tiene el ojo en forma de T, no la letra T, sino la imagen de algo que al bifurcarse acaba en amplias fosas nasales; y no otra cosa sino el símbolo de los mayas denominado Ik, o sea “viento”, porque Kukulkán es el dios del viento.

He leído que a Kukulkán se le representaba también como una figura antropomorfa con atributos de serpiente y una gran nariz.

He leído la reiteración de que entre los mayas la Serpiente Emplumada era en efecto Kukulkán; pero seguida de la hipótesis de que Kukulkán puede derivarse de Ku, “dios o divinidad”; Kul, “muy o mucho en composición”, y kan, “culebra”; y que el significado sería entonces “dios, la fuerte culebra”, o que también pudiera ser el “dios de la fuerte pierna”.

He leído que los indios arcaicos de Mound Builders dejaron en el Serpent Mount de Adams County, en Ohio, un monumento de tierra de unos 400 metros de largo, en forma de serpiente ondulante: la monstruosa figura del Dios del Aire.

He leído que ciertos vocablos de las Antillas recuerdan al parecer la relación de Jurakán con el concepto “un solo pie” de la mitología: el gran tambor Bahioabao, según algunos; o Mayohuacán, al decir de otros, pudiera entenderse como Baio o Ma + baio + cán. O sea Ma + boia o maboya (“La Gran Serpiente”) + cán (“pierna”). Es decir, “Pierna de la Gran Serpiente” o Maboyacán o Huracán.

He leído que Huracán es voz que pertenece al tesoro lingüístico de los indios quichés de Guatemala y que la prueba está en lo siguiente:

HURACÁN Etimología     hum: un, uno
                                             ra: 3.ª persona del sing. del pronombre posesivo;
                                             suyo, su, de él.

                                             kan: pierna.

                                             Significado: “El de una pierna”.

He leído que la relación de Huracán y el Dios de una sola pierna fue entre los mayas Kukulkán = la Serpiente Emplumada, una de cuyas representaciones lo mostraba con una sola pierna que iba encogida, y en la otra tenía por sustitución una serpiente. Durante los rituales el sacerdote tal vez sostenía esta imagen para bailar con ella en los trances en que se decía poseído por el Dios del Viento.

He leído que entre los indios chicoranos en la península de Florida su dios principal era Quejuga, “señor grandísimo, manco y cojo”, es decir, con una sola pierna, sin brazos, un solo tronco, y que ese Quejuga no era otro sino el Hurakán.

He leído que según los indios yaruris del Orinoco un héroe bajó del cielo a tomar agua en un río (es decir, como una tromba) y un cocodrilo le arrancó la pierna. Así volvió al cielo donde es la constelación Petlipani: el “sin pierna”, como Huracán.

He leído que la correlación entre el dios de una sola pierna y la Osa Menor explica por qué los quichés le llamaron al dios Huracán Corazón del Cielo y también Corazón de la Tierra.

He leído que en el maya peninsular huracán no es huracán sino ak’ yabil ik’: viento llovedor, viento que trae lluvias.

He leído que huracán puede ser también chak ik’: tempestad de mar y viento.

He leído que huracán remite igualmente a chak ik’ ti’ ak’ nab: tormenta de mar, temporal; viento muy fuerte.

He leído que huracán se dice también keh ik’, como manga de viento recio; huracán pasajero. O moson, viento que viene arremolinado. O kawal ik’, viento en desmesura, viento revuelto. O xaway, viento que corre por todas partes.

He leído hasta en una exposición museográfica que ik es “el espíritu; vida y aliento”; y “aire o viento”.

He leído que yahal chak ik’ es tempestad que se alza; soplar del huracán.

He leído en fin que Hurakán en taíno significa tempestad; y que Gucumatz, Kukulkán y Quetzalcóatl en sus respectivas culturas representan a la lluvia, las nubes, el rayo y el trueno: es decir, la tempestad y el huracán.

He leído que la serpiente ondulante que se enrosca equivale al “ente” de una sola pierna y los plumajes en la cabeza representan la velocidad aérea de las nubes, de las aves y de las flechas, como símbolos de los vientos tempestuosos.

He leído desde niño que kukul es pájaro y kan es serpiente en el maya peninsular.

He leído que en la mitología asiria-babilónica el dios Enlil significa “señor del viento impetuoso”: fue dios de la tempestad.

He leído que las armas de Enlil eran el amaru y el abubu. Amaru equivale a Amurru, o sea el viento que corría desde Siria. Abubu es la “tempestad, el huracán o el tornado”.

He leído también que en realidad Enlil era un simple título o epíteto de un dios cuyo nombre debió ser Adad, Lhara o, sobre todo, Urra: “dios de la tempestad”.

He leído que Enlil se llamaría en rigor urra, sonido que imita al del viento.

He leído que la sólida errede urra es el “ruido”, el “rugir” del viento; y que el dios Adad era también Amuru: “viento occidental”.

He leído que del viento Bóreas griego tenemos en español, por ejemplo, la voz borrasca,con su rugiente erre.

He leído que entre los indios casitas el dios Buriash estaba próximo al Bóreas y correspondía al dios Adad del panteón asirio-babilónico como dios del huracán; también se llamaba Khulakhakha o Julajaja.

He leído que este motivo sonoro formó parte también entre los esquimales del vocablo Uikán, el dios provocador de las tempestades.

He leído que Urr es la misma onomatopeya del quiché Jurakán o Jurrakán; y que si los indoamericanos llevaron ese sonido a su vocablo jurakán, porque significa “una”, es decir, “la única” pierna del dios de un solo pie, su resonancia onomatopéyica debió ser para ellos un factor que contribuía a su efecto emotivo, aparte del mitológico.

He leído que una etimología hipotética podría ser: urr (“sonido ruidoso”; “rugiente”) + kan (pierna) = la “pierna que ruge”.

He leído que hay treinta y una lenguas distintas que aún hablan seis millones de mayas.

He leído, para no encontrarlo más, un soplo definitorio de la palabra huracán; es el único que me satisface y no sé si estará escondido en una de esas treinta y una lenguas mayas.

¿He leído entonces en un sueño o en un maya de mi invención algo que ahora me permite hacer un poema? Es un poema de tres sílabas –o cuatro, ya que la tercera es aguda– que contienen al monstruo, al fenómeno, al meteoro. El título del poema es “Serpiente de viento o Viento vuelto serpiente”. Y el poema dice:

Huracán.

 

Luis Miguel Aguilar
Su último libro es la plaquette de poemas De varias formas.