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A partir del encuentro entre óvulo y espermatozoide, y hasta la muerte, el cuerpo físico y la psique sufren incontables embates. Las enfermedades surgen cuando el balance, perfecto la mayor parte del tiempo, se rompe. Las rupturas son variopintas y manifiestan sus reglas sin recato. El desorden celular sigue su camino y se desentiende de aquél impuesto por lo que denominamos salud. Las alteraciones pueden iniciar a partir de la vida embrionaria y terminan con el final de la vida. Abro un paréntesis necesario: ¿por qué la muerte no se considera una enfermedad? Sin respuesta, me refugio en los signos de interrogación.

Ilustración: Izak Peón

Al comparar libros médicos contemporáneos con textos publicados hace décadas es notorio el incremento anual en el número de páginas. El grosor aumenta y guarda vínculos proporcionales con la explosión de la sabiduría médica.

La sabiduría y la perfección corporal es infinita. Ésa es la razón por la cual, a pesar de la pobreza, el hambre y las condiciones insalubres en las cuales pervive más de la mitad de la población mundial, nuestra especie sigue reproduciéndose. Debido a esa misma lógica y sabiduría celular, entre 20 y 30 % de los embarazos terminan en “abortos naturales”. Reflexiones similares en cuanto a la cuasiperfección del cuerpo explican, gracias al progreso de la medicina, el incremento en la longevidad.

El entramado previo —i. e., la vejez— ha sido tierra fértil para la emergencia de nuevas enfermedades sin soslayar el impacto de los cambios ambientales. Comprender los daños corporales debido al “nuevo mundo” es necesario. Sumemos: cambio climático, desertificación, ingesta de comidas artificiales, aumento en el movimiento de la población, hambre y aguas contaminadas son abono para las nuevas patologías, incluyendo nuestro covid-19. Los enfermos viven hoy su(s) proceso(s) “de otra forma” por las circunstancias señaladas.

Escuchar es una suerte de escuela. Intitulé el texto “La enfermedad social y personal como anarquía”con el propósito de mezclar la pandemia humana, nuestra anarquía, con el desorden de las células enfermas, su anarquía. El lenguaje de la enfermedad es infinito; lamentablemente, no siempre las palabras definen con precisión los sentires del paciente. Escuchar es oficio médico.

¿Qué significa “Mi vida ya no me pertenece. A partir de mi enfermedad lo mío ha dejado de ser mío. Ahora son las células enfermas las que dictan el orden/desorden de los días”?

La irrupción de la patología tiene lecturas infinitas: “No me pregunten quién soy, ni me pidan que siga siendo el mismo”, escribió Michel Foucault (1926-1984), víctima de sida. Entre el diagnóstico (1981) y su muerte, el filósofo no tuvo la oportunidad de beneficiarse de los medicamentos contra la enfermedad.

La sentencia de Foucault puede reformularse: “Mi cuerpo es otro y yo soy otro”, y concatenarse con la mirada de un paciente víctima de diversas patologías: “Mi cuerpo se derrumba día tras día. Primero por dentro, después por fuera. Llegó un momento en que lo mío, manos, ojos, ideas, dejaron de ser míos. La cabeza se estropeaba conforme transcurrían las semanas. Con el paso de los días ya nada era mío. Todo se remontaba al pasado. He dejado de ser y me he convertido en una marioneta cuyos movimientos dependen de cuán dañadas se encuentran mis células. El desorden de mis ideas es infinito”.

Cada cuerpo alberga diversos cuerpos. El de la infancia no es igual al de la senectud y el de la vida “en paz”; es otro cuando la existencia se convierte “en guerra” con uno mismo o con el ambiente. La anarquía celular y terráquea como constructo de la enfermedad se apodera de la persona. Modifica sus quehaceres, sus deseos, sus días.

 

Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.

 

4 comentarios en “La enfermedad social y personal como anarquía

  1. Claridad implacable tuya y de Foucault. Gracias. Abrazar al cuerpo y la historia vivida para asumir la enfermedad… y la muerte, que va ganando los días.

    • Gracias por tu muy amable correo María Esmeralda, lo aprecio. Y si… “la muerte que va ganando los días”. Razón tienes.
      Abrazo,
      Arnoldo

  2. la anarquícese celular modifica el cuerpo ,encontrar La Paz en la enfermedad es difícil pero necesario para “hacer las paces “. Cuesta trabajo doctor pero sus reflexiones dan esperanza
    gracias por compartirlas

    • Claudia,
      Gracias por tu comentario; de ser posible, hacerse “un poco amigo” de la enfermedad es prudente. Se sufre menos, se convive mejor, algunas cosas se entienden “de otras maneras”, y, con suerte, te convierten en un ser resiliente.
      Saludos afectuosos,
      Arnoldo

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