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Las consecuencias presentes y futuras de la pandemia y de las medidas tomadas para contenerla sobre las generaciones jóvenes preocupan. Este sector de la sociedad parece estar atrapado entre la necesidad de reanudar clases presenciales para evitar mayores pérdidas en el aprendizaje y en el desarrollo de habilidades de interacción social y el riesgo de enfermar o de constituirse en transmisores de covid-19 hacia su familia y su comunidad.

Ilustración: Víctor Solís

El cierre de escuelas ha tenido graves consecuencias. En diciembre del año pasado el Banco Mundial estimó que 72 millones de niños en el mundo podrían sumarse a la crisis de pobreza de aprendizajes que ya existía. Por lo tanto, esta generación de estudiantes perdería la posibilidad de generar durante su vida alrededor de 10 000 millones de dólares, que representan casi el 10 % del producto interno bruto mundial.1 La pérdida de ingresos en el transcurso de la vida también tiene efectos negativos en la esperanza y la calidad de vida, y aumenta la probabilidad de desarrollar enfermedades crónicas. Estos riesgos se incrementan con la incapacidad de integrarse a redes de interacción social o de tener relaciones personales, además de haber padecido experiencias adversas durante la niñez.

Los primeros años de vida son muy vulnerables, pues las experiencias e interacciones sociales dan las bases para el potencial de su vida futura. La discusión y el juego entre pares enseñan a los niños las reglas y normas a seguir en comunidad y el objetivo final es el entrenamiento para una vida adulta. Sin embargo, hay periodos críticos del aprendizaje para cada edad. Durante toda la vida organizamos conexiones neuronales y se podrían perder ventanas de oportunidad para obtener ciertos conocimientos y habilidades. Es verdad que en algunos casos la plasticidad cerebral podrá reorganizarlo, aunque no es posible asegurar que todos los sometidos a las presiones del aislamiento logren regresar a sus carriles de desarrollo normal.

La generación joven ha estado expuesta a un aumento de la violencia y a crisis financieras en la familia, soledad, inactividad física e inaccesibilidad a servicios de salud y a intervenciones de salud pública realizadas en las escuelas —como vacunación y alimentación—, lo que ha agudizado las inequidades sociales.2 El estrés constante y el miedo al que están sometidos tiene efectos deletéreos en el aprendizaje.

El cierre de escuelas también ha provocado un riesgo alto de ausentismo de los padres. Las mujeres son las más afectadas: su índice de pérdida de trabajo es mayor desde el comienzo de la pan demia, tienen que reducir las horas de trabajo para cuidar a los niños y apoyar el aprendizaje a distancia; están agotadas por las demandas del cuidado infantil y por las tareas del hogar.3

Tal panorama apunta a que es fundamental que las escuelas abran con la mayor seguridad y rapidez posibles. Hemos argumentado por qué las escuelas desempeñan un papel importante en el rendimiento educativo, la salud y el bienestar de los niños. Sin embargo, aún existe incertidumbre sobre si deben reabrirse para retomar la educación presencial. Parte de esta duda se debe a que se desconoce la verdadera incidencia del covid-19 en los niños debido a la falta de pruebas generalizadas y a la prioridad de las pruebas para los adultos y los enfermos graves. Evidencias recientes sugieren que los niños probablemente tienen cargas virales similares a las de los adultos y pueden transmitir el virus a otras personas, aun cuando suelen tener reacciones más leves a la infección.4 A pesar de ello, no hay pruebas de que tengan más probabilidades de transmitir la enfermedad que los adultos. En diversos países se han reabierto escuelas y después cerrado de nuevo cuando repuntan los contagios; sin embargo, datos de Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Australia, Suiza y Suecia sugieren que no han sido las escuelas el origen del aumento de casos en la comunidad. Aun así, hay reportes de brotes vinculados a la propagación dentro de instalaciones escolares, fundamentalmente asociados al personal docente.5 La gran pregunta es: cuál es el peso de la educación presencial en el cambio de tasa de propagación en la población en general y —en contraposición— cuál es el de la manera en que se comportan los estudiantes y sus familias cuando no están en la escuela.

Decidir entre la reapertura o no de las escuelas debe sopesarse en función de las condiciones de comunidades específicas. No se trata de una decisión obvia tomada a partir de elegir entre la opción segura contra la opción no segura: ambas conllevan riesgos. El dilema es cuándo y cómo reabrirlas. La reapertura debe hacerse con planes de seguridad bien estructurados, de manera que se controlen los riesgos. Mientras haya casos de covid-19 en la comunidad no hay estrategias que puedan eliminar por completo el riesgo de transmisión en las escuelas. El objetivo es maximizar tanto la seguridad como el aprendizaje.6

Según la Unesco,7 ante los efectos en términos de aprendizaje, económicos y sociales, que ha provocado mantener tanto tiempo el cierre de las escuelas, la recomendación es abrirlas gradualmente y monitorear la epidemia de manera enfática. Para hacerlo deben cubrirse varias condiciones: 1) que las tasas de transmisión sean manejables; 2) que la infraestructura se adecúe a las necesidades sanitarias; 3) que haya capacitación del personal docente, incluido apoyo psicosocial y académico, y 4) que haya preparación pedagógica, incluida la de evaluar el progreso durante el cierre de la escuela.

A continuación describo estrategias para reabrir las escuelas con la mayor seguridad posible.8 Sugiero establecer una puntuación que permita semaforizar a cada escuela para ubicar necesidades de intervención y situaciones de riesgo:

Hacerlo de forma escalonada. Intercalar horarios y grupos en pequeñas cohortes a las que se les pueda dar seguimiento. Existen distintas propuestas sobre quiénes deberían de ser los primeros en regresar a clases: a) los estudiantes de los primeros niveles escolares por la complicación de la educación a distancia, a pesar del riesgo por un menor control de las medidas de higiene; b) los estudiantes de los niveles finales, debido a un mayor control de las medidas de higiene; c) los que están por pasar a otro nivel educativo, o d) los que tienen mayores problemas de aprendizaje, discapacidad, problemas para acceder a la tecnología y otros problemas académicos.9 Sin duda es una decisión que debe ser evaluada en cada país y región.

Asegurar el distanciamiento físico, la ventilación de las aulas y uso de cubrebocas. La medida más importante para el control de infecciones es evitar el contacto con aerosoles contaminados con el virus. Las clases al aire libre son la mejor opción. La ventilación permanente de las aulas y el uso de cubrebocas son indispensables. Se sugiere mantener los grupos de clase constantes y pequeños tanto en aulas como en patios para reducir la variedad de contactos, y procurar el distanciamiento social durante el juego. Detener todas las actividades comunes, por ejemplo: el comedor, las asambleas y los deportes. Dividir la población escolar de manera que sea manejable, con alternancia de días, semanas o quincenas. Mantener distanciamiento de uno a dos metros en las aulas; en algunos países se han implantado barreras físicas entre los pupitres.

Garantizar que las escuelas dispongan de medidas de control de la infección, incluidas las pruebas y el rastreo de contactos. Se sugiere capacitar a docentes, estudiantes y sus familias en materia de higiene y control de infecciones. Deben realizarse pruebas y rastreo de los contactos de los casos positivos. Aislar los casos sospechosos en estudiantes y personal. Tener servicios de salud capacitados y mantener vínculos con instituciones de salud. Son indispensables políticas nacionales y regionales de cierre de escuelas, en función de la carga de infección.

Proteger a los profesores y a los alumnos vulnerables. Se recomienda usar equipos básicos de protección. Se sugiere instituir programas de apoyo a los niños vulnerables antes de la reapertura de las escuelas y continuarlos durante la misma. Priorizar esquemas de vacunación al día para estudiantes y personal. En caso de no contar con el esquema completo de vacunación anti-SARS-CoV-2, sugerir que las personas de mayor edad o vulnerables desde el punto de vista médico no se presenten a las instalaciones. Hacer hincapié en la promoción de la salud mental de profesores y alumnos.

Investigación y evaluación. Los impactos de la reapertura de las escuelas en la curva de la epidemia, pero también en la educación, la salud y el bienestar de los niños, el personal y las familias deben ser documentados y compartidos.

Establecer políticas flexibles de asistencia. Esto tanto para estudiantes y personal vulnerables, con enfermedades, sospecha o confirmación de covid-19 o con exposición a casos confirmados o sospechosos de covid-19.

Mantener abiertas las opciones de clases en línea. A corto y largo plazo para quienes estén en cuarentena, en previsión de nuevos cierres, para alumnos o personal de alto riesgo o quienes convivan con personas de alto riesgo.

 

El restablecimiento de la educación de forma segura pero oportuna es esencial para evitar lo que, según la ONU, podría tener consecuencias catastróficas para la humanidad.10 Así, la reapertura de las escuelas debe tener prioridad para la sociedad en su conjunto. Ésta es una decisión compleja y complicada de implementar, dado que la pandemia sigue presente y aparecen constantemente nuevas variantes virales. Esto abre la posibilidad de que, ante la disminución de la población más vulnerable en la actualidad —por infección, vacunación o muerte—, se seleccionen cepas con mayor tropismo hacia otros grupos hoy relativamente respetados como los niños. Por ello, la decisión es muy sensible y debe tomarse con base en el asesoramiento de expertos en diversas disciplinas y en consulta con todos los actores interesados. El estrecho seguimiento de los casos en las escuelas será entonces esencial para permanecer alertas. Aquí se presentan sugerencias de medidas requeridas para abrir de forma segura las escuelas, a sabiendas de que, por las condiciones de nuestro país, algunas de ellas serán difíciles de implementar. Por supuesto, para lograrlo se requiere de una fuerte inversión pública y de voluntad política. La pandemia actual no será la última, es inaplazable que nuestro país y el mundo construyan sistemas de previsión, prevención y respuesta a futuras crisis que eviten el cierre total de actividades.

 

Rafael Bojalil
Profesor investigador del departamento de Atención a la Salud de la UAM Xochimilco


1 Banco Mundial. “Debido a la pandemia de COVID-19, 72 millones de niños más podrían verse afectados por la pobreza de aprendizajes”, 2 de diciembre de 2020.

2 Joffe, A. R.“COVID-19: Rethinking the Lockdown Groupthink”, Frontiers in Public Health, 9:625778, 2021, doi: 10.3389/fpubh.2021.625778

3 Gogoi, P. “Stuck-At-Home Moms: The Pandemic’s Devastating Toll On Women”. National Public Radio (NPR), 28 de octubre de 2020.

4 Centers for Disease Control and Prevention (CDC). “Making Decisions about Children Attending In-person School During the COVID-19 Pandemic: Information for Parents, Guardians, and Caregivers”, 2021.

5 Goldhaber, D., y otros. “To What Extent Does In-Person Schooling Contribute to the Spread of COVID-19?”, Working Paper, No. 247-1220-2, febrero de 2021.

6 Children Hospital of Philadelphia, Policy Lab. Evidence and Guidance for In-Person Schooling during the COVID-19 Pandemic, 24 de marzo de 2021.

7 Unesco. COVID-19 education response: Preparing the reopening of schools: resource paper, 2020.

8 Viner, R. M., y otros. Arch Dis Child, vol. 106, no. 2, febrero de 2021.

9 Iniciativa de educación con equidad y calidad (IEEC), Escuela de Gobierno y Transformación Pública, Tecnológico de Monterrey. Educación en tiempos del covid-19, 2021.

10 Organización de las Naciones Unidas. Policy Brief. The Impact of Covid-19 on Children, 2020.

 

Un comentario en “¿Cuándo y cómo volver a las aulas?

  1. Patear el bote hacia adelante. Ni agarrar al toro por los cuernos. De lo perdido, lo que aparezca. Ai nos la llevamos. El año pasado en estas fechas bajaron los casos y muertes por covid. Y vean lo que pasó en diciembre – febrero. La India se sentía grande y poderosa por su “control” de la enfermedad. Neta Dios quiera que aquí no se desate nuevamente una catástrofe de muerte. Se tenían que reducir los contagios con medidas decisivas y oportunas. Ahora, hablamos de cómo intentar pasar el camino de clavos lo mejor posible. Nadie entiende la seriedad de esto hasta que no tiene un ser querido en peligro.

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