Costos evitados

Aunque siempre ha existido la oportunidad de generar electricidad para consumo propio, fue a partir de la década de los 90 del siglo pasado que se permitió una mayor entrada de inversión privada en el sector eléctrico. Esto sucedió por dos razones principales: la primera fue que la Comisión Federal de Electricidad no tenía recursos suficientes para dar energía a la industria que llegaba con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte; la segunda, que la propia CFE no podía ofrecer energía a costos competitivos para la industria. La CFE siguió más o menos igual al paso del tiempo; tan sólo en 2013 el costo de electricidad a nivel industrial era el doble en México con la CFE en comparación con Estados Unidos. Bajo esas condiciones, tenía más lógica invertir en tu propia generación de forma eficiente que comprarle a la CFE.

Ilustración: Patricio Betteo

Como parte de la evolución regulatoria, y debido a los compromisos en materia de lucha contra el cambio climático, se creó en 2009 un modelo para incentivar la instalación de capacidad de generación renovable: el autoabastecimiento mediante porteo estampilla. Este porteo significa tener un pago parejo por la transmisión de energía; cuidado: no se pagaba por el transporte de energía, sino por el uso de la red de transmisión. Gracias a esto se instaló una capacidad de generación superior a 6000 megawatts de fuentes renovables, principalmente de energía eólica.

Pero no sólo la industria se vio beneficiada, también fue el caso de la Comisión Federal de Electricidad, que se benefició de dos maneras: amplió su infraestructura propia —recordemos la ampliación de capacidad de transmisión, principalmente de Oaxaca al centro del país, con cargo a privados que lo donaron a la CFE—, y también evitó costos. Sobre este asunto, hace unos días Francisco Salazar Díez de Sollano y Francisco Barnés de Castro hicieron público un estudio. El documento se encuentra disponible aquí e invito a su lectura, pero vale la pena hacer un breve resumen para los lectores no especializados.

En primer lugar, hay que decirlo con claridad: la generación de energía eléctrica por fuentes renovables evita el uso de combustibles. Además, que las renovables sean las primeras en entregar energía a la red eléctrica tiende a evitar que algunas generadoras de la CFE entren en operación y quemen combustibles.

¿Cuál es el impacto? Los autores calculan que tan sólo el costo de combustibles puede ir de 25 a 351.7 dólares o de 525 a 7 385 pesos por megawatt hora. Este es el primer costo que la CFE dejó de pagar. No sólo eso: estos costos están por encima de los correspondientes a las tarifas industriales (que son tarifas no subsidiadas). Por lo tanto, la inyección de energía renovable, más barata, le evita costos ¡a la CFE!  Si las generadoras más caras dejan de operar o son desplazadas, el beneficiario compra la energía. En condiciones normales, este beneficiario la vende a un precio menor y, por lo tanto, pierde. Pero con las renovables deja de perder. En la medida en que haya más generación barata —aunque sea ajena— la CFE deja de arrastrar costos y pérdidas.

A mi parecer, la parte más importante del documento son las gráficas 6, 7 y 8 que exponen las pérdidas evitadas a la CFE contra el costo de transmisión de proyectos legados. Explico: bajo la ley anterior los proyectos tienen un menor costo de transmisión. Se trata de una tarifa que fue diseñada para recuperar costos operativos de transmisión, pero que es más baja que la tarifa de transmisión normal. De esta manera se evitan los costos variables de la energía transmitida que la CFE no genera bajo este esquema. Estos costos son mucho mayores a las supuestas pérdidas generadas por una tarifa baja (que en realidad recupera el costo de transmisión). Cuando esta energía se recibe en la red, dejan de utilizarse las plantas más caras en el sistema y la CFE evita costos —que son los más altos en un sistema de despacho económico.

La segunda parte del documento es de la mayor trascendencia, pues nos hace ver la otra parte importante: las centrales que dejan de utilizarse no sólo son caras, sino muy contaminantes. Y la contaminación tiene costos asociados, tanto en salud como económicos.

Todos estos costos se evitan al recibir energía de privados, renovable o limpia, con tarifas de transmisión preferenciales, pero diseñadas para evitar subsidios del Estado.

La mala noticia es que el gobierno pretende, mediante la Ley Combustóleo, desplazar estas plantas de renovables para regresar a las de la CFE. En pocas palabras: volver a pagar por los costos que en este momento son evitados.

Es como si usted tuviera un auto de 1980, cuyo mantenimiento le sale carísimo; que consume un litro de gasolina cada 7 kilómetros o menos y por el que tiene que pagar estacionamiento; que es más lento, y que lo puede dejar tirado a medio camino. Pero decide seguirlo usando porque es suyo y lo hace en lugar de contratar un auto mediante una aplicación, que le evita estacionamiento y que es más barato, rápido y tan eficiente que hasta le evita conducir. Pero usted decide no usarlo porque no es suyo. ¿Es esto racional?

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.

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Publicado en: Energía

Un comentario en “Costos evitados

  1. Es tan evidente la superioridad y convenencia de las renovables que uno se pregunta si hay intereses oscuros y contrarios al inter÷s del país en la obsesión de la 4T contra las renovables. Esperemos que haya una toma de conciencia.

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