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Hace casi cincuenta años el antropólogo Clifford Geertz publicó La interpretación de las culturas (1973), una colección de sus ensayos seminales. En uno de ellos reflexionaba sobre la persistencia en muchos de los nuevos Estados que lograron su independencia después de la Segunda Guerra Mundial, como la India, de “sentimientos primordiales”. Los nuevos Estados eran excepcionalmente susceptibles a experimentar un grave descontento producto de dichos vínculos primordiales. Por un lazo primordial Geertz entiende aquél que proviene de hechos sociales que se asumen como “dados”: “la proximidad inmediata, el hablar una lengua particular o incluso un dialecto y el seguir prácticas sociales específicas”. Consideraba que estas coincidencias —de sangre, lengua, costumbre, etcétera— imponían “una inefable, y a veces abrumadora, obligatoriedad en sí mismas. Uno está obligado ipso facto con sus parientes, vecinos, feligreses; no como resultado de las afinidades electivas, necesidades prácticas, intereses comunes u obligaciones contraídas, sino, en gran medida, por un significado absoluto e inexplicable que se atribuye al vínculo mismo”. Para Geertz hay una antinomia entre lo primordial y lo civil.

Ilustración: Belén García Monroy

Uno de los rasgos más notables de los tiempos que corren es que el universalismo se encuentra en franca retirada. Los vínculos primordiales, que siempre han existido en la sociedad, han adquirido carta de naturalización en las democracias liberales, incluso en las más avanzadas. Se han legitimado con escasa oposición. ¿Cómo se asentó el primordialismo entre nosotros? No sólo el racial, sino también el del género. Estos apegos reclaman una solidaridad que no se basa en la ideología compartida, la clase o la posición en el mercado de trabajo, sino en hechos que escapan a nuestra voluntad. Estas adscripciones, como la raza o el género, imponen límites que normalmente la voluntad no puede trasponer. Por ejemplo, el trabajo de una poetisa afroamericana estadunidense no puede ser traducido por una mujer blanca holandesa, como en el caso de Amanda Gorman y Marieke Lucas Rijneveld, quien ganó el Booker Prize en 2020. En la inauguración del presidente Biden Gorman leyó sus poemas. La editorial Meulenhoff se interesó en traducirla hasta que las críticas a que la traductora no fuera una mujer negra hicieron que Rijneveld renunciara al proyecto.1

Hasta hace poco tiempo muchos encontraban censurable que hubiera cantinas o clubes en los cuales no se permitiera el acceso a las mujeres. Ahora se acepta que sólo mujeres participen en ciertas actividades. El exclusivismo es ya moneda corriente y pocos se atreven a cuestionarlo. Para los hombres que frecuentan los espacios sociales donde no hay mujeres la lógica es conocida. El principio, la idea de que sólo personas que comparten el mismo vínculo primordial pueden comprender y ser partícipes de ciertas acciones sociales, es exactamente el mismo. No hay nada progresista en ello. La idea de que las experiencias humanas pueden ser compartidas por personas de distinta raza, etnia o género es rechazada en aras de la exclusión. Hay en ello una innegable claudicación civilizacional. La legitimación acrítica de los vínculos primordiales es un auténtico retroceso cultural y social. Por el contrario, el ideal universalista —e igualitarista— privilegia lo que nos une como personas sobre nuestras diferencias, sobre todo de aquéllas que son producto de la casualidad. Se niega a conceder que hechos fortuitos conlleven obligaciones inherentes para los individuos. La ciudadanía, esa categoría expansiva de obligaciones recíprocas, es en el fondo incompatible con el primordialismo. El separatismo expropia la justicia y la desnaturaliza al hacerla causa particular. Las responsabilidades y obligaciones cívicas, en contraste, son compartidas entre personas de distintas razas y entre mujeres y hombres. Las injusticias que aquejan a un grupo son un agravio para todos los ciudadanos y a todos les competen.

 

José Antonio Aguilar Rivera
Investigador del CIDE y autor de La geometría y el mito. Un ensayo sobre la libertad y el liberalismo en México, 1821-1970 y Cartas mexicanas de Alexis de Tocqueville, entre otros títulos.


1 https://bit.ly/2QsIPLH.

 

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