Enfocadas con la frialdad que reclama el momento, es preciso reconocer que las elecciones del 2 de julio no fueron luchas programáticas en sentido estricto. Tampoco se podría decir que fueron contiendas por imponer directamente plataformas ideológicas de carácter histórico, es decir por hacer prevalecer el ideario de la Revolución Mexicana sobre la doctrina de Acción Nacional: un enfoque así no explicarla la presencia del PRD que no tiene propiamente ni historia ni plataforma, aunque ha manejado un repertorio desprendido de la ideología del PRI.
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