Una vez establecidas las colonias españolas en América y conquistadas las Filipinas, en los dominios de Carlos V "dejó de ponerse el sol". Sin embargo, tanta luz resultó enceguecedora. Tener tanto era como no tener nada mientras la administración real no se levantara sobre la base de un conocimiento medianamente pormenorizado de las posesiones ultramarinas de la colonia.
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