A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

La pandemia —como toda situación de crisis— representa una oportunidad única para el surgimiento de nuevos liderazgos que llenen los vacíos que el lopezobradorismo se empeña en ocupar nada más con la figura del presidente. Nadie ni nada más debe distraer la atención de los ciudadanos de las palabras y los actos del señor presidente, pero me atrevo a pensar que esos espacios no deben ser abandonados. Sin embargo, hay que ser cauteloso, el liderazgo se construye y se trabaja. Cardenales mexicanos hay que no lo ven así.

Ilustración: Alma Rosa Pachecho

En lugar de formar entre los jóvenes que educan una alternativa al lopezobradorismo, las autoridades eclesiásticas mexicanas no pierden la oportunidad de mostrarse como lo que son: el pilar de la ignorancia de los fieles y, por consiguiente, enemigos de la libertad. Qué bueno que la sociedad mexicana se ha secularizado, qué bueno que los católicos creen más en la relación directa con Dios que en la intermediación de los sacerdotes.

Nada más de escuchar al cardenal Íñiguez una se pregunta si es la edad o si siempre fue así, producto de una crisis de la educación mexicana que viene de muy atrás y que no respetó a los seminarios donde se forman sacerdotes que no sé cómo se expresan en latín, pero en español lo hacen bastante mal. Una se pregunta qué hizo Íñiguez en la Universidad Pontificia Gregoriana. ¿Sólo rezar? Cómo es que llegó a cardenal un personaje que, en medio de una pandemia como la que nos agobia y nos amenaza de muerte, el 29 de diciembre pasado, en misa afirmó que el coronavirus es un “trabuco” que los países ricos impusieron a los pobres para dominarlos.

Busqué el significado de “trabuco” y los resultados no tenían sentido con la oración: arma corta. Sin embargo, lo peor de las palabras de Íñiguez fue la “recomendación”: tómense un té de guayaba o hagan un buche de cloro y todo se arreglará. Hoy, 24 de enero, el periódico anunció que otro cardenal mexicano, Norberto Rivera, había sido hospitalizado porque sufrió el contagio del virus, y yo me pregunto si no siguió los consejos de su hermano tapatío. En todo caso, lo que es de destacar es que todo un señor cardenal haya adoptado la descabellada hipótesis de que el origen del virus es una conspiración imperialista. Alguien me dirá que es la Iglesia —siempre ajustable— en la 4T.

La desafortunada declaración a la que hago referencia invita, por lo menos, a dos reflexiones. La primera tiene que ver con el precio de la prolongación de la vida, que ha sido uno de los grandes éxitos de la medicina; sin embargo, los costos de cumplir más de setenta años no son menores, porque por regla general la cabeza envejece con el cuerpo. El cardenal Íñiguez tiene 87 años. Es probable que hace tres décadas fuera más avispado. Ahora la propia Iglesia tendría que protegerlo de sí mismo y controlar sus declaraciones públicas, cuyos efectos son negativos desde cualquier ángulo que se les miren.

La segunda reflexión nos remite al tema de los liderazgos sociales y políticos que deben ejercerse con responsabilidad. Sabemos que para muchos mexicanos la máxima autoridad es la Presidencia de la República, así como para no pocos la jerarquía católica es representante de una autoridad superior. En esas circunstancias lo que se espera es una dirección informada, que no sea un fiat (un mandato) que ciudadanos y creyentes tengamos que aceptar porque así lo dijo el líder. La pandemia es una oportunidad para que se desarrollen nuevos liderazgos sociales, capaces de invocar la solidaridad, la generosidad y la compasión, de manera que podamos escapar del rencor y del resentimiento que hasta ahora han sido la base de los liderazgos que pretenden conducirnos a las espesuras del siglo XXI.

 

Soledad Loaeza
Profesora-investigadora emérita de El Colegio de México. Obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010. Su más reciente libro es La restauración de la Iglesia católica en la transición mexicana.

 

Un comentario en “Un cardenal inoportuno en la oportunidad

  1. Soledad, no sé si va a leer este comentario, no acostumbran contestar. Me parece que el cardenal parte de una premisa correcta pero llega a una conclusión equivocada, su consejo de profiláctico no podría servir. Ahora, 1.- el virus se detecta en China, no se reporta;
    2.- cuando no pueden ocultarlo, minimizan su capacidad de contagio y letalidad, pero en secreto (su gobierno totalitario así se mueve) toman medidas;
    3.- la OMS, mediante su titular, colocado allí por el gobierno chino, también minimizó el poder de contagio del virus y su letalidad;
    4.- hace un año, la OMS finalmente admitió lo contagioso del virus, pero emitió recomendaciones suficientemente ambiguas para hacer pensar a mucha gente que con unos dos o tres meses de «lockdown» se acabaría el problema;
    5.- los países implementan «lockdowns» y entran en crisis económica, mientras China se levanta porque ya había tomado medidas, comprando un montón de empresas a nivel mundial y ofreciendo ayuda y ampliando su influencia;
    6.- se proponen medidas de vigilancia extrema desde el World Economic Forum de Davos, dándole más poder a los gobiernos sobre sus pueblos, como en China;
    7.- se realizan las elecciones en Estados Unidos, hay indicios de fraude en favor de Biden, que era un candidato pro-China, quizá los indicios eran mentiras, pero no se investigan, y se le da el triunfo al candidato pro-China;
    8.- se habla de un «Great Reset» donde las economías deberán reestructurarse, que provocaría una crisis nueva, cediendo más poder a las intervenciones estatales en todos los aspecto de la vida, se estimulan las cámaras de identificación facial y un «pasaporte COVID» para poder seguir con la vida

    Creo que sí parece una conspiración mundial para controlarnos, ¿No le parece? La OMS, la ONU, China, el partido demócrata en EEUU, el Foro Económico mundial… el virus y la enfermedad existen, pero ¿Para qué existen? Recuerde, nadie da paso sin huarache, follow the money y encontrará a los responsables.