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Unas cuantas semanas después de la derrota electoral de Donald Trump, el periodista y profesor de Oxford Timothy Garton Ash publicó un largo y enjundioso alegato en la revista Prospect sobre el futuro del liberalismo.1 ¿Cómo renovarlo y corregir sus fallas? Según Garton Ash es necesario hacer tres cosas. En primer lugar, defender sus valores e instituciones tradicionales. En segundo lugar, hacer un reconocimiento autocrítico de lo que ha pasado por liberalismo en los últimos treinta años (el liberalismo económico). Se debe atacar tanto al populismo como a las causas del populismo. Por último, es necesario diseñar soluciones liberales a problemas globales, como el cambio climático, las pandemias y el poder inmenso de China en el mundo.

Ilustración: Belén García Mornoy

En un nivel muy superficial nadie podría disentir. Sobre la primera “punta” de su tridente Garton Ash tiene muy poco que decir. Parecería como si la dimensión política no le interesara mucho. Lo que exige nuevas ideas, cree, es su visión del liberalismo como una forma de aggiornamento. El crítico se concibe como un renovador y modernizador de la tradición. Un teólogo conciliar. El liberalismo, propone, olvidó la igualdad y la solidaridad. También prestó oídos sordos a los anhelos de “comunidad e identidad” de la humanidad. Por ello es necesario apropiárselos. Debemos ser, cree, “liberales-conservadores-socialistas”. ¿Esto es contemporizar o capitular?

La receta tiene una parte manida pero necesaria. Revitalizar la vieja agenda socialdemócrata. Adoptar medidas como la renta básica universal, la provisión universal de servicios públicos básicos, etcétera. Todo esto está muy bien pero no es nuevo. Es, sí, un reto formidable.2

Después hay una reflexión que carece de columna vertebral: un collage de buenos deseos donde nada tiene prioridad. Garton Ash cree que los liberales deberían unirse a los socialistas y conservadores en reivindicar los aspectos subjetivos, emocionales y culturales de la solidaridad, que “son tan vitales como los económicos”. Los liberales cosmopolitas en los países metropolitanos, como él, deben expiar la culpa de no haber respetado a las mayorías de las clases trabajadoras que han sido víctimas de las sirenas del populismo. El cambio tecnológico y económico ha sido muy rápido para ellas. “Debemos bajar la velocidad al cambio”, postula Garton Ash, como si fuera el maquinista de una locomotora desbocada, “pero preservando el destino liberal”. Sugiere aceptar las exigencias de limitar la inmigración, asegurar las fronteras y fortalecer un sentido de comunidad, confianza y reciprocidad”. En esta cajita feliz cabe todo sabiéndolo acomodar. Garton Ash hace un llamado a rescatar a la nación definida en “términos liberales”: una versión “abierta, positiva y de buen corazón”. Ese “patriotismo liberal” por el que aboga es indistinguible del nacionalismo y parte de una lectura ingenua, en clave pluralista, de la política de la identidad. Es liberalismo con “inteligencia emocional”.

Probablemente la mayor falla de este alegato sea el menoscabo del universalismo. El “nuevo” liberalismo de Garton Ash seguiría siendo universalista, “pero sería un universalismo sobrio y matizado, atento a la diversidad de perspectivas, prioridades y experiencias de las culturas y los países fuera de Occidente”. Su individualismo sería “realista, contextual”. Combatiría, sobre todo, los aspectos “culturales y sociopsicológicos” de la desigualdad. Éste es un radicalismo de pose, políticamente correcto.

La autocrítica exige más seriedad y profundidad. El liberalismo es una tradición viva de combate, no es comfort food intelectual. Por el contrario, nada sería más renovador en estos tiempos que los liberales abrazaran plenamente el viejo e impopular universalismo. Ahí está la fortaleza de su legado. Es muy revelador que no tenga nada que decir sobre la cultura de la cancelación en el mundo occidental que tan cómodamente habita.

 

José Antonio Aguilar Rivera
Investigador del CIDE y autor de La geometría y el mito. Un ensayo sobre la libertad y el liberalismo en México, 1821-1970 y Cartas mexicanas de Alexis de Tocqueville, entre otros títulos


1 https://www.prospectmagazine.co.uk/magazine/the-future-of-liberalism-brexit-trump-philosophy

2 https://bostonreview.net/politics/adam-przeworski-revolution-reformism

 

Un comentario en “La teología de la cajita feliz

  1. La libertad tiene sus contradicciones. Las medidas que se han tomado para combatir las «cajas de resonancia» en redes sociales no serán suficientemente efectivas, pues no son productos de los algoritmos, sino de la libertad de los usuarios de construirse ambientes virtuales a su imagen y semejanza. Por eso, el liberalismo del siglo XX tenía que complementarse con tolerancia (pero no harría daño que adoptaran otros valores) . sólo que la tolerancia implica un esfuerzo personal por ir contra los gustos de uno mismo, mientras que el mundo actual tiende a exacerbar la importancia del «yo».