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“Mentalmente desgastante. Cambios de información diario, angustia, incertidumbre, miedo. Tener que invertir tiempo y dinero para adquirir equipo de protección para trabajar. Y además ser mamá y estar al pendiente de las muchas tareas, en ocasiones, complicadas y sin sentido, que dejan en la escuela. ¡Este tiempo ha sido de resistir, adaptarse y no morir de estrés!”.

Lo que acaba de terminar estuvo sin duda marcado por el covid-19, que modificó la vida de prácticamente todas las personas, impactó los componentes sanitarios, sociales y económicos de nuestra sociedad y trastocó a comunidades, familias y entornos laborales. Es claro que el virus no discrimina, pero las estructuras de poder que prevalecen y las reacciones ante la crisis, sí. Es por ello que los resultados son más desfavorables para ciertos grupos que ya atravesaban situaciones con especial vulnerabilidad, como es el caso de las mujeres.

El encierro al que nos ha destinado esta pandemia ha puesto aún más en evidencia aquello que sabíamos desde hace mucho, las desigualdades de género. Ante la contingencia, las mujeres han experimentado una sobrecarga física, mental y emocional, pues son las que en mayor medida han asumido la responsabilidad de salvaguardar la salud de la familia y hacerse cargo de los miembros del hogar, aunado a la incertidumbre laboral y económica, el estrés asociado con el temor a contagiarse y el desgaste por el confinamiento prolongado. Lo anterior ha tenido efectos sustanciales en la salud mental de las mujeres mexicanas quienes, en diferentes encuestas e investigaciones hechas en los últimos diez meses, han manifestado experimentar insomnio, tristeza y estrés o tensión constantes.

Un estudio reciente realizado en el Instituto Nacional de Psiquiatría por Ramos y colaboradores muestra que, en comparación con los hombres, más mujeres informaron sentirse preocupadas (67.7 % vs. 51.6 %), temerosas (27.7 % vs. 15.9 %) y tristes (26.7 % vs. 16 %).1 La encuesta, desarrollada por la Universidad Iberoamericana para conocer los efectos del covid-19 en el bienestar de los hogares mexicanos, muestra también mayores repercusiones de la pandemia en las mujeres, ya que el 35 % de ellas, en contraste con el 22 % de los hombres, presentaron síntomas de ansiedad, diferencias que fueron aún más significativas para la depresión (25 % de las mujeres y 12 % de los hombres).2

Por si esto fuera poco, las mujeres tienen latente el riesgo de ser víctimas de violencia en el lugar que se esperaría fuera el más seguro: “su propia casa”; basta decir que, en la mayoría de los países latinoamericanos, incluido México, en los últimos diez meses aumentaron exponencialmente las llamadas a los servicios de ayuda ante casos de violencia de género. La ONU estima que a medida que la pandemia profundiza el estrés económico y social, también se incrementan las probabilidades de ser víctimas de violencia, sobre todo en el ámbito doméstico, ya que las parejas u otros hombres de la familia pueden estar atravesando situaciones de desempleo, inestabilidad económica o estrés, condiciones que pueden aumentar la frecuencia y la severidad de los actos violentos contra las mujeres. Resulta importante mencionar que ser víctima de violencia es uno de los principales factores de riesgo para el abuso de sustancias, la depresión y el suicidio.

Ilustración: David Peón

A lo anterior hay que agregarle el perfil de productividad que se les exige a las mujeres trabajadoras, las que además de sortear todas las tareas familiares, incluidas las clases en casa o el cuidado de los adultos mayores, deben ser las mejores trabajadoras para demostrar a los demás y a ellas mismas que sí se puede con todo.

En este sentido, los resultados del trabajo realizado en la UNAM por Vargas-Huicochea y colaboradores advierten que la condición de multitareas o multirroles que se ha agudizado en tiempos de pandemia es un factor estresante adicional.3 Ante la situación actual, las mujeres relatan que los límites entre lo público y lo privado se han desdibujado; ahora el espacio de descanso, de la familia también es del trabajo; los horarios se trastocaron, ya no hay una hora de entrada y una de salida y tampoco hay un horario para las actividades “remuneradas” y para aquéllas “invisibles”, “no remuneradas”, a lo que se agrega la responsabilidad adjudicada de ser el pilar fundamental de la respuesta ante el covid-19. En palabras de las mujeres entrevistadas: ser mamá, hija, esposa y trabajadora de tiempo completo resulta “extenuante” “asfixiante” y “angustiante”.

Sin embargo, las mujeres también han encontrado estrategias para enfrentar las vicisitudes de la pandemia. En este sentido, Ramos y colaboradores plantean que las más frecuentes son: estar en buenos términos con la familia, mantener una cercanía emocional con familiares y amigos a través de las redes sociales, apoyar a los demás y realizar actividades de autocuidado como dietas, ejercicios, leer, escribir, escuchar música, etcétera.

¿Qué más estará sucediendo en el interior de los hogares mexicanos? No lo sabemos. Lo cierto es que todavía nos falta mucho camino por recorrer y aún no es claro el impacto de la pandemia en la salud mental de la población en general y de las mujeres en particular. Sin embargo, es un llamado de atención y una oportunidad para actuar. La pandemia puede servir para impulsar acciones que permitan abordar la salud mental de las mujeres de una forma integral, tema que ha sido ignorado históricamente.

También puede ser una oportunidad para analizar la validez de las normas sociales y las prácticas arraigadas que han llevado a una distribución desigual del trabajo no remunerado dentro de los hogares, las familias y las comunidades, que recae en las mujeres y que tanto impacto tiene en su salud mental y emocional.

 

Shoshana Berenzon Gorn
Directora de la Dirección de Investigaciones Epidemiológicas y Psicosociales del Instituto Nacional de Psiquiatría.

Ingrid Vargas Huicochea
Coordinadora de la División de Investigación del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UNAM.


1 Ramos-Lira, L.; Rafful, C.; Flores-Celis, K., y otros. “Emotional responses and coping strategies in adult Mexican population during the first lockdown of the COVID-19 pandemic: An exploratory study by sex”. Salud Mental, 2020, 43(6), pp. 243-251.

2 Equide. ENCOVID-19. Los efectos del covid-19 en el bienestar de los hogares mexicanos.

3 Vargas-Huicochea, I.; Berenzon, S.; Tafoya, S. A.; Guizar, D. P.; Kelsall, N.; Rodríguez-Machain, A. C.; Lanz, A. “Being a physician and mother during the SARS-COV2 pandemic: characteristics of physicians-mothers during Covid-19 and their impact on mental health”, 2021, en prensa.

 

2 comentarios en “Extenuante, estresante, angustiante…

  1. Extenuante, estresante, insustancial, lleno de lugares comunes y mortalmente aburrido este artículo.

  2. Por supursto existe todo eso en la población, pero decir quien sufre más o menos la actual crisis, si los hombres o las mujeres, eso es más complicado, no obstante, en ml opinión, con toda evidencia, son los menores quienes más padecen.