Los apagones y la Ley Combustóleo, dos años perdidos

En medio del apagón, el gobierno dijo una verdad: tenemos una alta dependencia del gas de Texas que fue también la causa del apagón. Pero este hecho no es algo que se haya gestado en un día sino que hubo cosas que no se avanzaron en el gobierno anterior y omisiones o cancelaciones del gobierno actual. El problema pudo mitigarse en estos años con una política energética adecuada, o con tener política energética.

Ilustración: Oldemar González

Vamos de arriba para abajo. ¿Cuál es el problema más grande?

Depender tanto de una forma de generación. Un sistema eléctrico robusto debería tener diversificado el origen de su energía. Por ejemplo, el potencial eólico de Tamaulipas, de la franja norte, de Oaxaca y de la Península de Yucatán se ha desaprovechado. Tan sólo Tamaulipas tiene un potencial de 21 GW de capacidad eólica. Despachar eso, si contáramos con la transmisión necesaria, nos permitiría satisfacer la energía suficiente de todo el norte del país. Es necesario aprovechar toda la hidroeléctrica que se tiene y la solar; desarrollar, entre otras, la geotérmica y los proyectos de hidrógeno como respaldo. De esa forma la dependencia del gas natural disminuiría.

Ahora, si bien es cierto que se depende del gas natural texano, la realidad es que los planes eran distintos, pero se canceló el proceso. Y la cancelación no se reemplazó por una nueva política o por proyectos que abonaran a tener el gas disponible, o a aprovechar el gas que se quema en el sureste del país.

Por ejemplo, a finales de 2018 había al menos dos proyectos de almacenamiento de gas natural que se cancelaron: uno en cavernas y otro con un barco regasificador. De la misma forma, pudieron llevarse a cabo contratos de cobertura que garantizaran el gas a costo razonable de largo plazo. Todo esto hubiera mitigado los riesgos de apagones en el país ante condiciones extraordinarias como las de ahora.

Pero hay algo peor: el Programa de Desarrollo del Sector Eléctrico Nacional (Prodesen) —publicado el último día de enero de este año, ocho meses después de lo que el marco jurídico indica— prevé sólo más capacidad de generación hidroeléctrica (lo poco que se puede) e incrementar la generación de energía nuclear y ciclos combinados. Además, el plan de negocios de CFE —presentado hace unas semanas— sólo contempla el desarrollo de nuevas plantas de ciclo combinado y de turbogás.

En otras palabras: este gobierno que ahora se queja de la dependencia de gas, sólo tiene contemplado incrementar la demanda de gas. Además, sin medidas para incrementar la seguridad energética, ya sea mediante el aprovechamiento del gas que se tiene, ni con proyectos de almacenamiento. Y eso que han puesto al centro del debate la seguridad energética como objetivo.

Asimismo, CFE-Energía —empresa de la CFE encargada de la compraventa y abastecimiento de combustibles a las generadoras de la Comisión y a otros generadores privados— reconoció que no contaba con contratos de largo plazo para el abastecimiento de gas y hace tres días propuso el desarrollo de proyectos de almacenamiento que se pararon dos años antes. Vaya, lo hizo ya que estaba el desorden de los apagones.

Finalmente, lo único que busca la iniciativa de reforma a la Ley de la Industria Eléctrica es mantener en operación plantas termoeléctricas de CFE, que además de caras y contaminantes tienen el doble de indisponibilidad por fallas que por mantenimiento de acuerdo al Prodesen 2019. La iniciativa promueve el uso de plantas que tienden a la obsolescencia.

Esto significa que la reforma planteada no incrementa la seguridad energética, sino que somete la seguridad a la operación de generadoras que cada vez presentan más fallas.

Parece que es el momento de replantear la política energética y no sólo replantear proyectos aislados. Es el momento ideal de retirar y revisar la iniciativa preferente presentada y dejar de descartar lo hecho en el pasado reciente, que buscaba construir un sistema robusto.

Se han perdido dos años en grilla, en ver cómo hacer de lado al sector privado, en cómo alimentar la ideología nacionalista, en cómo imponer la generación cara y contaminante para desahogar el combustoleo que erupta el sistema de refinación. Pero no se ha creado un sistema diverso, robusto y seguro. Dos años perdidos, que pueden costar varios años más.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.

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Publicado en: Energía