¿Indefensos? O la necesidad de una CRE autónoma

Hace unas semanas el presidente dijo que desaparecer la Comisión Federal de Electricidad (CFE) es dejar indefensos a los mexicanos. Eso no es cierto. En cambio, desaparecer a la Comisión Reguladora de Energía, la CRE, o que pase a ser parte del gabinete, eso sí es dejar indefenso al mexicano. ¿Por qué?

No se necesita más que revisar un poco las cifras actuales para saber que la estructura de mercado es la que a más gente ha sacado de la pobreza. Pero el libre mercado no es perfecto y por eso, las izquierdas modernas en el mundo, crearon organismos de Estado que buscan regular los mercados. De ahí nacieron los entes como la CRE, que tiene dos funciones: la regulación técnica, pero también la regulación económica del sector.

Pero cuidado, el sector energético está en constante evolución tecnológica, por lo que requiere que la regulación sea algo constante y en evolución continua y congruente. Por eso, la regulación debe ser autónoma del gobierno, para evitar que los cambios de gobierno frustren la evolución de la regulación técnica.

La rotación de las cabezas de los reguladores debe ser escalonada, para evitar que en cambios repentinos se pierda toda la inercia y experiencia regulatoria.

La regulación busca varias cosas, como que no haya entes en el mercado suficientemente poderosos como para establecer condiciones monopólicas y desplazar en el mercado a la competencia.

Ahora: el sector eléctrico tiene una peculiaridad: está dividido en cuatro partes (generación, transmisión, distribución y comercialización). Pero dos de esas partes están conformados por monopolios naturales, me refiero a transmisión y distribución. Dentro de este modelo, la generación de energía eléctrica necesita de transmisión y/o distribución para llegar a sus clientes.

Si consideramos que la mayor parte de generadores pertenece al mismo grupo económico que quienes llevan a cabo la transmisión y distribución (CFE), hay un muy posible conflicto de interés. Por eso lo ideal era dividirlo más, para beneficiar al consumidor. Pero además, los lugares donde hay monopolios es donde debe regularse con más fuerza, para evitar los abusos.

Los monopolios tienden a buscar el beneficio propio dejando de lado al usuario, consumidor o pueblo, haciendo uso de su poder monopólico.

Pues para evitar esos conflictos, para que la entrada de competencia sea libre y para que los monopolios no abusen del consumidor o de la competencia, es que se requiere un regulador económico, no sólo técnico.

Ilustración: Víctor Solís

El gran problema de mandar al regulador del sector energético dentro de la Secretaría de Energía es doble: primero tendría una carga política muy alta. dependería del vaivén electoral y, en esta ocasión particularmente, el proyecto de fortalecimiento de un par de monopolios (el eléctrico y el de hidrocarburos). Hay uno segundo: el regulador, CRE, estaría supeditado a un funcionario que es también parte del consejo de administración de una empresa (CFE), con lo que la independencia económica del regulador sería nula.

Ahora, ¿por qué nos cuesta tanto entenderlo? Tal vez porque la confusión del político es sólo una calca de la confusión cultural. Nos acostumbramos a algunos monopolios y es lo más normal convivir con ellos al grado de defenderlos como un valor nacional, a pesar de que, producto del mismo poder monopólico, sean una forma rentista de expoliación del ciudadano.

Y aquí vale preguntar: ¿para qué defender un monopolio y además tener pérdidas? ¿Por qué empresas con tanto poder de mercado requieren subsidios para subsistir?
CFE recibe por lo menos 75 000 millones de pesos al año en subsidio directo.

Curiosamente, donde hay una tarifa regulada, CFE es donde tiene ganancias. Donde compite, pierde constantemente. Su única generadora que tiene ganancias, es la que representa a generadoras privadas.

En todo esto, la función de la CRE es disminuir que estas ineficiencias las tenga que absorber el usuario final. Pero un regulador capturado por la empresa monopólica terminará siendo  cada vez más ineficiente y costoso para el usuario.

¿Qué incentivos tiene una empresa para modernizar sus instalaciones si mantiene a los clientes cautivos haga lo que haga? ¿Para qué ofrecer mejores servicios, si eso requiere inversiones y es innecesario pues aun sin ellas te seguirán pagando? ¿Qué sentido tiene buscar disminuir los costos si el usuario pagará aún los más altos?

Todos los anteriores son los ejemplos de las funciones necesarias de un regulador energético. Pero si el objetivo de la actual política es fortalecer una empresa a cualquier costo, este regulador no sirve.

Por eso la urgencia de captar al regulador; por eso la intención de inhibir la competencia, de crear estructuras en las que la competencia tenga que perder, a pesar de ser más eficiente, para salvar a las empresas que por el solo hecho de ser del Estado tengan una larga y poderosa vida, aunque no le sirvan al ciudadano. Pero el país tendría el problema de no poder ofrecer mejores empleos y de calidad, de no poder crecer la economía.

Y para defender al ciudadano, al mexicano que al que compra y paga, es que se necesita un regulador independiente, de largo plazo, no atado a vaivenes políticos.

Atentar contra esa autonomía ya sea poniéndolo bajo las ordenes de un regulado o absolviéndolo dentro de una estructura politizada o quitándole poder, es ir en contra del interés del mexicano de a pie, ponerlo en verdadera indefensión.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía

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Publicado en: Energía